“¿Y ahora, dónde vamos a por rabas?”: la última ronda de la Peña Bolística
La última ronda en el bar de la Peña Bolística no fue solo el cierre de un local. Fue el final de una era, la despedida de un lugar que ha sido, durante más de cinco décadas, algo más que un bar: un punto de encuentro, una referencia y una parte viva de la historia cotidiana de Torrelavega.
El pasado lunes no cabía un alfiler frente a sus puertas. Desde primera hora de la tarde, clientes de toda la vida, vecinos, antiguos parroquianos y muchos curiosos se acercaron para brindar por última vez en un bar que formaba parte del alma del centro urbano. Sin grandes anuncios, sin marketing, sin redes sociales... solo el boca a boca y el cariño de la ciudad bastaron para llenar la plaza. El bar, como en sus mejores tiempos, se quedó pequeño.
Porque hablar del bar de la Bolística es hablar de Torrelavega, de la que fue, de la que aún resiste y de la que se nos escapa. Cierra un bar, pero se apaga también un símbolo: el de la vida en la plaza, el de los cafés de las mañanas, las cañas de las tardes, las rabas del fin de semana. Un refugio frente a la creciente despersonalización del centro, donde cada vez hay más locales cerrados y menos lugares de verdad.
El cierre no se debe a una jubilación ni a una decisión empresarial. Se debe a una orden de desalojo por parte del Ayuntamiento, que acometerá una obra de consolidación estructural en el edificio municipal donde se encuentra el local. Una intervención necesaria, se dice. Pero también una que llega tarde y con consecuencias que nadie en el gobierno parece querer asumir: el fin de un bar histórico, sin garantías de que vaya a regresar.
No hay alternativa ni fecha de vuelta. Solo incertidumbre. Se habla de seis meses de obras, se menciona un posible museo del hojaldre, se barajan opciones que ni el propio equipo de gobierno tiene claras. Y mientras tanto, la ciudad pierde uno de sus bares más emblemáticos, sin que nadie haya planteado cómo recuperar ese espacio para la vida vecinal.
Durante la fiesta de despedida, que se alargó hasta agotar existencias, hubo de todo: cerveza, calimocho, vino, rabas, jamón, abrazos y muchas historias. Basi, Carmen, Cari, Miguel Ángel y todo el personal recibieron el cariño de una ciudad que aún sabe agradecer cuando se le ha dado tanto.
¿Y ahora, a dónde vamos a por rabas? ¿Dónde se brindará el sábado? ¿Qué esquina ocupará la conversación espontánea de siempre?
Una ciudad que cierra sus bares de siempre sin tener claro qué va a abrir después es una ciudad que se va vaciando también de memoria y de vida. Se fue el bar de la Bolística, pero lo preocupante es que cada vez queda menos Torrelavega a la que decirle adiós.

