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Un asesinato sangriento y calculado: forenses confirman la brutalidad del asesino en el doble crimen de Liaño

A medida que avanza la causa, se dibuja un perfil de un asesino sin remordimientos, psicópata y fríamente narcisista
El acusado durante el juicio por matar a su pareja y bebé en Liaños de Villaescusa. / Juanma Serrano
El acusado durante el juicio por matar a su pareja y bebé en Liaños de Villaescusa. / Juanma Serrano

En el juicio que se está celebrando en la Audiencia Provincial de Cantabria por el doble asesinato ocurrido en Liaño de Villaescusa, las forenses que realizaron las autopsias a la madre y la bebé han destacado la gran violencia con la que se cometió el crimen. La víctima, una mujer de 40 años, y su hija de 11 meses, fueron presuntamente asesinadas por la pareja y padre de ambas, José R., quien se enfrenta a una pena de prisión permanente revisable.

Detalles del crimen: violencia extrema y asfixia

Según las forenses, la madre presentaba seis heridas de cuchillo, dos de ellas mortales, que afectaron a órganos vitales como los pulmones, provocando un neumotórax y una hemorragia interna masiva. Estas heridas indicaban que la víctima intentó defenderse de la agresión, ya que también se encontraron hematomas y heridas contusas en varias partes de su cuerpo, como la cara y el cuello, lo que sugiere que trató de zafarse del ataque. Sin embargo, las cuchilladas fueron decisivas en su muerte.

Por otro lado, la pequeña bebé fue encontrada boca arriba, con signos de haber sido asfixiada, posiblemente por estrangulamiento o oclusión de las fosas nasales, lo que habría requerido poca fuerza dada su corta edad. También presentaba hematomas y un traumatismo cráneo-encefálico, probablemente infligido por algún objeto contundente o por presión. Curiosamente, la niña también tenía una herida de cuchillo en el costado, pero esta fue post mortem, realizada después de su fallecimiento.

El hallazgo de objetos personales de la niña, como un gorro y un zapato, en una zona diferente de la vivienda, así como la temperatura corporal de los cadáveres, indicó que la pequeña pudo haber estado viva en el momento en que se la movió o la ocultaron junto a su madre.

El acusado: psicopatía y frialdad emocional

Durante su declaración y tras las entrevistas psiquiátricas realizadas, las expertas descartaron que José R. padeciera patología mental grave. El acusado mostró en todo momento una frialdad emocional notable, incluso al relatar los hechos del doble crimen, que negó rotundamente. Las psiquiatras resaltaron que José R. no presentó signos de alteración cognitiva ni volitiva, lo que significa que sabía lo que estaba haciendo en el momento de los hechos. Sin embargo, mostraron falta de empatía durante las entrevistas y señalaron que sus declaraciones revelaban un carácter narcisista, con tendencia a culpar a los demás para evitar asumir responsabilidades.

El acusado afirmó que no comprendía las denuncias de la víctima, que en noviembre de 2021 había denunciado un quebrantamiento de la orden de alejamiento interpuesta en su contra. Según él, el conflicto de pareja se debía a celos y a los problemas de consumo de drogas y alcohol de su mujer. De la pequeña, José R. habló solo brevemente, mencionando que estaba emocionado porque la niña estaba cerca de cumplir un año, pero argumentó que no la cuidaba debido a sus problemas de diabetes.

En cuanto a los antecedentes personales de José R., se destacó que había sufrido un tumor testicular y había recibido tratamiento de quimioterapia poco antes del crimen. Además, se descubrió que había consumido anfetaminas en el pasado, aunque en el momento del crimen no había seguimiento psiquiátrico ni tratamiento para el abuso de sustancias.

Durante el juicio, un amigo de la víctima negó que ella le debiera dinero por drogas, una versión que había sido mencionada por José R. como parte de su defensa. Este testigo subrayó que la mujer siempre defendió a sus hijos a muerte, refiriéndose a los tres hijos que tenía (dos de una relación anterior y la bebé de José R.).

También declaró una psicóloga del centro de atención por violencia de género, quien detalló el calvario emocional que vivió la víctima, quien había pedido ayuda en varias ocasiones por las agresiones de su pareja.

El juicio continúa con la presentación de pruebas y testimonios que tratarán de esclarecer los detalles del crimen. La defensa de José R. se centra en negar su implicación directa en los asesinatos, mientras que la acusación sostiene que las pruebas apuntan a un asesinato a sangre fría de una mujer y su hija, sin alteración mental en el acusado, sino más bien una personalidad narcisista y psicopática.

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