Gastronomía

¿Sobao? ¿Anchoa? No: este es el plato típico de Cantabria que deberías probar y es menos conocido

En una tierra donde la mar y la montaña dictan el menú, existe un embutido que se resiste a ser domesticado por el turismo masivo
Varias personas disfrutando de una comida. / A.S.
Varias personas disfrutando de una comida. / A.S.

España es un país en el que la tradición charcutera ocupa un lugar central dentro de su cultura gastronómica. Cada región presume de embutidos únicos que reflejan su historia y su entorno, desde la sobrasada mallorquina hasta la morcilla de Burgos o la longaniza de Graus. Cantabria, tierra de cocidos, sobaos y anchoas, también guarda un tesoro menos conocido más allá de sus fronteras: el borono.

El borono es un embutido tradicional del norte de España, especialmente arraigado en Cantabria, el oriente asturiano y algunas zonas de Palencia. Aunque puede recordar a la morcilla en su composición, el borono presenta diferencias notables tanto en su elaboración como en su sabor.

Se trata de un producto hecho principalmente con sangre de cerdo, cebolla, manteca, sal y especias. Sin embargo, a diferencia de la morcilla tradicional, el borono incorpora harina de maíz y de trigo, lo que le aporta una textura y un sabor muy característicos. Según explican, la combinación de estas harinas diferencia al borono de otras elaboraciones similares, proporcionando un perfil más dulce y una consistencia distinta.

Otra singularidad importante es que, en muchos casos, el borono no se embute en tripas de cerdo, algo que sí ocurre habitualmente en la morcilla. 

De la cocina al plato: cómo se consume el borono

El proceso de elaboración del borono suele incluir una cocción previa al vapor. Posteriormente, se fríe para conseguir una textura ideal: crujiente por fuera y suave en su interior. Este método de cocinado resalta el contraste de texturas que tanto gusta a quienes lo prueban.

En la comarca de Liébana, uno de los enclaves más montañosos y auténticos de Cantabria, el borono se sirve a menudo acompañado de manzana asada. Esta combinación, poco habitual en otros embutidos similares, potencia aún más su riqueza de matices, aportando un toque ácido y dulce que equilibra su intensidad.

Un embutido con identidad propia

Aunque el borono comparte ingredientes básicos con otros embutidos tradicionales, su personalidad es inconfundible. Más que un producto cotidiano, representa una herencia cultural transmitida de generación en generación, especialmente viva en pequeños pueblos y comarcas del interior cántabro.

Su aspecto oscuro, fruto de la sangre de cerdo, puede engañar al primer vistazo, pero basta con un bocado para descubrir su sabor profundo, meloso y rústico.

A diferencia de otros productos cántabros más internacionalizados, como el sobao pasiego o las anchoas de Santoña, el borono sigue siendo una joya gastronómica local, poco conocida fuera de la región pero muy apreciada entre quienes buscan autenticidad en su plato.

Cantabria: una tierra de sabores únicos

La gastronomía cántabra no se limita al borono. Esta comunidad autónoma puede presumir de un catálogo culinario lleno de platos contundentes y sabores marineros y montañeses. Clásicos como el cocido montañés, el cocido lebaniego, las famosas rabas de calamar o los quesos autóctonos como el Bejes-Tresviso convierten cualquier visita en una celebración de los sentidos.

Además, quienes se animen a recorrer Cantabria encontrarán propuestas contemporáneas que reinterpretan estos productos tradicionales. Restaurantes como La Yerbita, en Sobarzo —premiado en Madrid Fusión como uno de los mejores lugares para bocatas en España—, o Solana, en Ampuero, famoso por sus croquetas, son solo dos ejemplos del dinamismo gastronómico que vive hoy la región.

Si tienes pensado viajar a Cantabria, no dudes en probar el borono. Más allá de los platos típicos que han dado fama a esta tierra, descubrirás un embutido diferente, que refleja a la perfección la identidad y la historia de una región que sigue sabiendo a auténtico. Y recuerda: a veces, los mejores tesoros gastronómicos son precisamente aquellos que aún guardan el encanto de ser un secreto.

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