El comunismo, hermana del fascismo: una vergüenza normalizar estos símbolos
Los comunistas se concentran en Santander por la intervención del mercado de la vivienda
¿Cómo hemos llegado al punto de normalizar en el espacio público iconografía asociada a regímenes totalitarios y responsables de millones de muertes? ¿Por qué se tolera, en nombre de la libertad de expresión, lo que en otro contexto ideológico sería motivo de escándalo y hasta de ilegalización?
El comunismo en su aplicación histórica no es un mero concepto utópico. Fue el sustento ideológico de dictaduras como la de Stalin en la Unión Soviética, Mao Zedong en China, Pol Pot en Camboya o los Castro en Cuba. Entre colectivizaciones forzosas, hambrunas provocadas, campos de trabajo forzado y persecuciones políticas, la cifra de víctimas del comunismo supera los 100 millones de personas, según estimaciones como las del Libro Negro del Comunismo.
¿Por qué se permite la apología del comunismo?
¿Por qué, entonces, se permite su exaltación sin matices? Mientras que la apología del nazismo está legalmente penada en España y en la mayoría de democracias, la del comunismo sigue siendo socialmente tolerada en amplios sectores políticos y culturales. Resulta cuanto menos contradictorio que se exija memoria democrática y condena firme contra una ideología asesina como el fascismo —algo absolutamente necesario—, y sin embargo se guarde un silencio indulgente ante su gemelo ideológico: el totalitarismo comunista.
El mensaje social eclipsado por la ideología radical
La manifestación del 5 de abril, convocada por sindicatos de inquilinos con reivindicaciones legítimas sobre el acceso a la vivienda, acabó desdibujando su mensaje social al incorporar una carga ideológica radical que, en lugar de unir, divide. La bandera con la hoz y el martillo ondeó impune en calles por las que tantas generaciones han luchado precisamente por construir una democracia libre de fanatismos. ¿Dónde está la línea entre el derecho a protestar y el deber de no trivializar el sufrimiento de millones?
Cantabria, como toda España, tiene derecho a discutir soluciones para los problemas del presente, como el acceso a la vivienda, la precariedad laboral o la inflación. Pero hacerlo bajo emblemas que remiten a la represión, la censura y la eliminación sistemática de libertades, solo genera incomprensión, alarma y una peligrosa banalización de los totalitarismos.
La banalización de los regímenes más sangrientos
¿Qué pensarían las víctimas de Stalin al ver su rostro en una camiseta en plena calle? ¿Qué dirían los refugiados políticos que huyeron del Telón de Acero o de la Cuba de los años 60 al ver el símbolo que les obligó a dejar su país convertido en un "reclamo antisistema"?
El siglo XXI debería estar llamado a aprender de los errores del XX. Reivindicar justicia social no puede implicar el blanqueamiento de ideologías que instauraron el terror en nombre de los oprimidos. La libertad que tenemos hoy para manifestarnos no puede convertirse en una coartada para ensalzar regímenes que la negaron por sistema.
Cantabria no puede mirar hacia otro lado
Cantabria no puede ni debe mirar hacia otro lado. La memoria no puede ser selectiva. Y la democracia no se defiende solo en los tribunales, también en la coherencia ética con la historia.
No se puede permitir este retroceso moral
Cantabria, como parte de una democracia europea madura, no puede permitir la legitimación simbólica de ideologías criminales, por más que vengan disfrazadas de causas sociales. Hay muchas maneras de exigir políticas públicas sin caer en el sectarismo ni glorificar regímenes opresivos.
La historia no se borra ni se reescribe: se recuerda, se respeta y se aprende de ella. Y no se puede construir una sociedad más justa mientras se ondean banderas que representan injusticias atroces.
Fuentes fiables y documentadas:
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The Black Book of Communism (Harvard University Press, 1999)
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Fundación para la Memoria de las Víctimas del Comunismo – https://victimsofcommunism.org
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Parlamento Europeo, resolución de 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa (P9_TA(2019)0021)
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Informe del Instituto para la Democracia y la Ayuda Electoral (IDEA International), "Totalitarian Regimes and Democratic Transitions"
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Archivo documental del Memorial de las Víctimas del Comunismo en Riga, Letonia.
¿Por qué se permiten manifestaciones con simbología totalitaria?
En España, la Ley de Memoria Democrática prohíbe los actos de exaltación del franquismo, lo cual ha generado un debate sobre si esta norma debería extenderse también a otras ideologías totalitarias, como el comunismo. ¿Por qué se considera inaceptable ondear banderas con esvásticas, pero sí se toleran pancartas con la hoz y el martillo?
¿No es una doble vara de medir? ¿Dónde queda la coherencia democrática cuando se permite la apología de un sistema que suprimió sistemáticamente los derechos humanos?
Históricamente, tanto el nazismo como el comunismo —en sus formas totalitarias como el estalinismo o el maoísmo— han sido responsables de graves violaciones de derechos humanos, persecuciones y millones de muertes. Esa es una realidad documentada por organismos internacionales, historiadores e instituciones como The Black Book of Communism (Courtois et al.) o Yad Vashem para el Holocausto.
Legalmente, muchos países europeos —como Alemania, Hungría o Polonia— prohíben símbolos nazis y también comunistas, precisamente por ese motivo. En España, sin embargo, la legislación no contempla una prohibición general de símbolos comunistas, y ahí es donde el debate se vuelve más complejo: libertad de expresión vs. memoria histórica vs. apología de ideologías totalitarias.
Desde una perspectiva ética y de derechos humanos, la coherencia sería fundamental: si rechazamos una ideología por sus crímenes, deberíamos aplicar el mismo juicio crítico a otras con un historial similar.