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El Diario de Cantabria

CORONAVIRUS EDUCACIÓN

Los centros educativos se preparan hasta el último momento para su curso más difícil

El curso en cantabria comienza mañana lunes, 7 de septiembre, en Infantil y Primaria. un total de 46.911 alumnos volverán a unas aulas que no han pisado desde marzo, cuando se decretó el cierre de los colegios de un día para otro, y tendrán que acostumbrarse a una nueva normalidad escolar diseñada para mantener el virus a raya

Trabajando para poner todo en orden en el colegio María Sanz de Sautuola de Santander. / hoyos
Trabajando para poner todo en orden en el colegio María Sanz de Sautuola de Santander. / hoyos
Los centros educativos se preparan hasta el último momento para su curso más difícil

El coronavirus ha puesto a prueba la capacidad organizativa de los centros educativos, que durante todo el verano y hasta el último momento se han estado preparando para un curso complicado. Mamparas, itinerarios marcados, salas de aislamiento, termómetros, geles, mascarillas y unas estrictas normas de conducta forman parte del equipamiento escolar en esta vuelta al cole.

En Cantabria, como en otras comunidades, el curso comenzará mañana lunes, 7 de septiembre, en Infantil y Primaria. 46.911 alumnos volverán a unas aulas que no han pisado desde marzo, cuando se decretó el cierre de los colegios de un día para otro, y tendrán que acostumbrarse a una nueva normalidad escolar diseñada para mantener el virus a raya.

El director del colegio público María Sanz de Sautuola de Santander, Santiago Ferreiro, guió a Efe en una visita por el centro que el pasado viernes, a un fin de semana del comienzo de las clases, seguía preparándose, como el resto, para recibir a sus 490 alumnos. Ferreiro, que además representa a sus compañeros de Infantil y Primaria en el comité permanente de directores de Cantabria, explica que los centros llevan todo el verano trabajando, junto a la Consejería de Educación, en las medidas higiénicas y de seguridad necesarias para la vuelta en septiembre. Pero las decisiones que se han tomado a ultima hora sobre la organización de los servicios complementarios como madrugadores- la guardería matinal- y los comedores se han convertido en un auténtico «quebradero de cabeza» que ha generado «mucho estrés» en los equipos directivos, que además tienen que sacar tiempo para reunirse con profesores y padres.

La Consejería de Educación ha establecido su protocolo con un objetivo prioritario, la docencia presencial en un entorno escolar seguro, y cada uno de los centros ha adaptado las normas a sus propias características en un plan de contingencia, que han tenido que modificar para incluir las modificaciones.

Esos cambios a contrarreloj suponen «limitaciones de espacio muy importantes» y muchos centros, advierte, van a tener problemas por ejemplo para ofrecer sus servicios de comedor a partir de octubre.

«Nosotros no podemos sacar huecos de la chistera de forma mágica», dice Ferreiro, quien cree que el inicio del curso se podría haber retrasado unos días o al menos haberse escalonado por ciclos como han planteado los directores sin éxito. En el María Sanz de Sautuola se ha decidido escalonar la entrada a clase el primer día. Durante el resto del curso la hora de llegada será igual para todos los niños, que, sin hacer filas, seguirán los itinerarios señalizados para ir directamente a las aulas, donde les esperarán sus profesores.

Responsabilidad. A las nueve, ya en clase, se les tomará la temperatura, lo que no exime ni a profesores ni a alumnos de hacerlo antes en casa para impedir que acudan al centro con fiebre. «La mayoría de las familias van a ser responsables. Me cuesta creer que si están preocupados por la salud de sus hijos vayan a mandarlo enfermo o con síntomas que podrían ser de covid, de gripe o de lo que fuera. Yo les estoy insistiendo en que, ante la duda se queden en casa, que más vale faltar un día por prudencia que arriesgarse a liar una gorda», cuenta Ferreiro. Según el protocolo, si el termómetro marca 37 grados y medio, el alumno será llevado a una sala de aislamiento (hay otra para docentes). Acudirá el coordinador covid, responsabilidad que en este caso asume también el director, se le volverá a tomar la temperatura y si se confirma la fiebre, se llamará a la familia para que se lo lleve a casa.

A partir de ahí Salud Pública «tomará el mando de la situación» y dictará las instrucciones necesarias tanto a las familias como al centro, que debe informar sobre los posibles contactos del niño en el colegio. Si se considera que existe un brote, se decidirá si se cierra un aula, una edad, una etapa o «si la transmisión está incontrolada» todo el centro, una decisión que «tomará siempre Salud Pública, ni siquiera la Consejería de Educación», puntualiza. Además de los alumnos de Primaria, para los que es obligatoria en Cantabria, en este centro se ha acordado con las familias que también lleven mascarilla los de 5 años, y todos se higienizarán las manos cinco veces durante la jornada escolar. El gel hidroalcohólico no es ninguna novedad para los que acuden al comedor, donde se utiliza desde hace años. Organizarlo está siendo una misión muy complicada, a pesar de que, como el resto de las instalaciones del centro, es un espacio amplio con 190 plazas en el que podrían comer todos los niños en dos turnos (Infantil primero y después Primaria) sin tener que reutilizar mesas, que se han separado con mamparas.

Grupos de convivencia. En la última disposición se obliga a separarlos por grupos de convivencia, con lo que, según Ferreiro, en cuatro mesas largas corridas no caben ni diez alumnos, y de ellos, dos comerían solos. La misma pauta se sigue en el servicio de guardería matinal que el colegio prestará en su salón de actos, aprovechando que este año no servirá a otros propósitos. Se ha conseguido sacar 30 plazas y empezará el lunes a las siete y media.

Las extraescolares se han suspendido hasta que mejore la situación epidemiológica y los niños se tendrán que ir a casa en cuanto acaben de comer, salvo en casos muy excepcionales y «justificadísimos».

En las aulas del María Sanz de Sautuola no existen los problemas de espacio de la mayoría de los centros y no ha sido necesario hacer desdobles. Manteniendo las distancias de seguridad, habrá de 18 a 24 alumnos por clase, algo menos que el año pasado, pero porque ha bajado la matrícula.

A pesar de todas las dificultades, Santiago Ferreiro entiende la necesidad de mantener la docencia presencial este curso: «La parte de conciliación familiar y laboral que tiene la escuela en este caso toma mucha más importancia porque los padres tienen que ir a trabajar, independientemente de que los niños también necesitan socializarse, recuperar la normalidad de su vida y seguir aprendiendo», afirma.

Y lanza un mensaje de tranquilidad a unas familias preocupadas que hasta en algunos casos, también en su centro, han decidido no mandar a sus hijos al colegio, algunas porque conviven con personas de riesgo y otras porque tienen miedo. Cuando se justifica con un certificado médico, los niños pueden recibir una atención educativa domiciliaria pero si solo existe temor al contagio, se aplicarán los protocolos del absentismo escolar.

«Entiendo la preocupación de las familias por la salud de sus hijos, y yo les aseguro, y en el resto de los colegios creo que también es así, que se van a tomar todas las medidas de seguridad que exigen tanto Salud Pública como la Consejería de Educación», subraya el director del centro educativo.

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