El boom del pago móvil en España: cómo Bizum cambió la forma de gastar
Bizum cerró 2025 con cifras de récord y consolidó su papel como pieza central de la economía cotidiana española, también en Cantabria. El servicio de pago móvil entre particulares, nacido para devolverle a un amigo los diez euros de la cena, mueve ya dinero en los comercios de Santander, en los mercados de la región y, cada vez más, en las compras por internet. En menos de una década ha dejado de ser una novedad tecnológica para convertirse en un hábito.
Los datos del último ejercicio confirman que el fenómeno no tiene techo a la vista, como recogió la prensa económica, y explican por qué buena parte del pequeño comercio cántabro ya lo trata como un medio de cobro más.
Durante 2025, más de 30,6 millones de bizumers realizaron 1.237 millones de operaciones, un 13,2% más que el año anterior, según los datos de la propia plataforma. El volumen movido alcanzó los 67.700 millones de euros, un salto del 53,3% que indica que cada pago es de mayor importe y que el hábito se ha asentado.
La media diaria fue de 3,4 millones de bizums, unos 39 por segundo. El pico llegó en diciembre, con más de 122 millones de operaciones en un solo mes, y el récord absoluto se registró el Black Friday: el 28 de noviembre se gestionaron cerca de 5,3 millones de pagos en una sola jornada.
Por qué se impuso frente a la tarjeta
La explicación es sencilla. Bizum es inmediato, funciona desde la aplicación del propio banco y no obliga a teclear los datos de la tarjeta cada vez que uno paga. Esa mezcla de rapidez y confianza es difícil de igualar, sobre todo porque el dinero viaja sobre la infraestructura de pagos de la banca española y llega a la cuenta del destinatario en segundos.
Donde más crece es en el comercio electrónico. Las compras online con Bizum aumentaron un 82,1% en 2025, hasta los 105,6 millones de operaciones —unas 289.000 al día—, por un valor de 5.400 millones de euros. Para muchos negocios pequeños, desde una cafetería de Torrelavega hasta un puesto del Mercado de la Esperanza de Santander, se ha convertido en una alternativa real al datáfono y a las pasarelas de pago tradicionales, sin comisiones opacas ni formularios interminables.
Hasta dónde llega ya el pago con Bizum
De la cuota del gimnasio a la suscripción de una plataforma de streaming, Bizum se ha colado en pagos que hasta hace poco eran territorio exclusivo de la tarjeta. Su uso se ha extendido incluso a servicios online regulados: como Bizum opera a través de los bancos españoles, los casinos que lo admiten son por definición plataformas con licencia de la DGOJ, donde el depósito se confirma al instante y sin teclear los datos de la tarjeta. Comparativas independientes como iGaming.com detallan qué operadores autorizados lo aceptan y cómo funcionan sus depósitos y retiradas.
Ese mismo principio se repite en otros sectores: si un servicio acepta Bizum, ha tenido que pasar por el filtro del sistema bancario, lo que añade una capa de seguridad para quien paga.
La otra cara: más uso, más control
El crecimiento también ha puesto a Bizum en el radar de la Agencia Tributaria. A partir de 2026 entra en vigor un sistema de información más detallado sobre determinados cobros, pensado para aflorar actividad económica no declarada. Para el usuario que parte una cuenta o devuelve un préstamo entre amigos, el día a día no cambia; la novedad afecta sobre todo a quienes reciben ingresos recurrentes o por encima de ciertos umbrales, que conviene revisar con un asesor.
El debate sobre la privacidad de los pagos instantáneos no es exclusivo de España, pero aquí adquiere relieve precisamente por la magnitud que ha alcanzado la herramienta.
La plataforma prevé alcanzar los 32,5 millones de usuarios, superar los 1.400 millones de operaciones y duplicar las compras online respecto a 2025. A ello se suma la interconexión con otros sistemas de pago europeos, que ya permite enviar dinero entre España, Italia o Portugal con solo el número de teléfono, según los análisis del sector.
Con esas cifras, el pago móvil se consolida como una de las grandes transformaciones del consumo en España, y Cantabria no se queda al margen. La cartera física, sencillamente, pesa cada año un poco menos en el bolsillo de los españoles.