La Remonta, terreno en disputa: años de desencuentros bloquean su futuro
El humo que la semana pasada cubrió la parte alta de La Remonta no solo alertó a los vecinos de Santander, sino que también reavivó un conflicto político y urbano que lleva años sin resolverse. El Ministerio de Defensa ha decidido demoler el edificio incendiado, una construcción abandonada que ardió dos veces en menos de diez horas y cuyo deterioro simboliza el abandono de una de las fincas más valiosas de la ciudad.
Los Bomberos de Santander intervinieron en ambas ocasiones y, tras evaluar el estado de la estructura, recomendaron su derribo inmediato. Su informe fue determinante para que Defensa iniciara los trámites y encargara ya los trabajos previos de demolición.
Mientras tanto, la Policía Científica investiga el origen de los fuegos. Según el delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares (PSOE), todo apunta a que fueron provocados. «Algunos testigos sitúan a alguna persona en el lugar de los hechos», señaló. Casares pidió «paciencia» y aseguró que la investigación se desarrollará con «máxima prudencia y rigor».
El inmueble afectado —una vieja edificación militar sin uso desde hace años— se encontraba cerrado y en desuso. «El Gobierno de España quiere evitar cualquier riesgo para la seguridad, aunque el acceso está prohibido», recordó Casares, consciente de que el suceso ha vuelto a colocar a La Remonta en el centro del debate público.
Una finca estratégica que divide a las administraciones
La Remonta, con más de 300.000 metros cuadrados de terreno, es una de las últimas grandes reservas de suelo verde de Santander. Desde hace años, su titularidad estatal y su progresivo deterioro han generado desencuentros entre el Gobierno central y el Ayuntamiento.
El Ejecutivo de PSOE-Sumar asegura estar «intentando dialogar» con el Consistorio para ceder el espacio al uso y disfrute de los santanderinos. «Queremos que sea un gran pulmón verde, un espacio con dotaciones culturales y deportivas», explicó Pedro Casares, quien lamentó la «falta de interés del Ayuntamiento» en avanzar hacia un acuerdo.
Sin embargo, Casares dejó claro que la cesión «no puede ser gratuita». «La ley impide regalar un terreno público de valor», recordó, sugiriendo que el Ayuntamiento debe implicarse también en la financiación. A su juicio, los incendios podrían ser «el impulso necesario para acelerar la negociación».
La versión del Ayuntamiento: «No tengo que responder por lo que no han hecho otros»
Desde el Ayuntamiento de Santander, la alcaldesa Gema Igual (PP) rechaza las acusaciones y devuelve la responsabilidad al Gobierno central. «Yo no tengo que responder por lo que no han hecho otras administraciones», afirmó con contundencia.
Igual insiste en que el Ayuntamiento «no es propietario de la finca» y que su papel se limita a gestionar la parte ya cedida, donde se ha habilitado un parque para el público. «El resto pertenece al Ministerio de Defensa, que debería mantener sus instalaciones en condiciones. No lo ha hecho, y por tanto no debo ser yo quien responda por ello», señaló.
Respecto a los incendios, la alcaldesa agradeció la intervención de los bomberos municipales, que «actuaron como siempre, con rapidez y eficacia». Pero advirtió que «cuando las instalaciones están en abandono o semidesuso, pueden ocurrir este tipo de cosas».
También criticó la posibilidad de que el Ayuntamiento asuma la rehabilitación de terrenos que no le pertenecen: «¿Por qué van a pagar los santanderinos algo que debe pagar el Gobierno central? Bastantes impuestos aportan ya».
Entre la cesión y el desencuentro político
El fuego ha dejado al descubierto una realidad incómoda: La Remonta es un símbolo del desencuentro entre dos administraciones que se acusan mutuamente de inacción. Mientras Defensa avanza con la demolición y propone una cesión pactada, el Ayuntamiento reclama una transferencia gratuita que permita convertir el espacio en un gran parque público sin coste para las arcas locales.
La finca ya cuenta con una cesión parcial, donde se ha desarrollado un parque urbano abierto a los vecinos, pero el resto permanece vallado, sin uso y con edificios deteriorados. Su valor estratégico —por extensión, ubicación y potencial— hace de La Remonta uno de los principales puntos de fricción entre ambas instituciones.
Un patrimonio en riesgo
Los recientes incendios no son los primeros incidentes en el área. Vecinos y colectivos vecinales llevan tiempo alertando sobre el abandono y la falta de mantenimiento. La maleza, las construcciones ruinosas y la ausencia de vigilancia han convertido el entorno en un foco de inseguridad.
«No queremos que La Remonta se convierta en un problema, sino en una oportunidad», dijo Casares, insistiendo en la intención del Gobierno de España de dar una salida a un espacio que considera «clave para el futuro urbano y medioambiental de Santander».
Por su parte, Gema Igual reiteró que el Ayuntamiento está a la espera de una respuesta oficial sobre la cesión. «Queremos que el terreno pase a ser municipal, pero no a cualquier precio», apuntó.
A la espera de que avance la investigación sobre los incendios y se concrete la demolición del edificio afectado, La Remonta sigue siendo un espacio a medio camino entre el pasado militar y un futuro incierto. Mientras el fuego ha reducido a cenizas uno de sus símbolos, la finca continúa encendida en el debate político de Santander.

