HISTORIA DE SANTANDER

Inundaciones, cambios de nombre y expansión: los secretos del aeropuerto de Santander

Aeropuerto de Santander. Severiano Ballesteros. / A.E.
Santander fue pionera en la aviación en España, con festivales aéreos en 1910 y la llegada de los hidroaviones en la bahía

Santander fue una de las primeras ciudades de España en interesarse por la aviación. En 1910, la ciudad acogió su primer festival aéreo, marcando el inicio de su relación con el transporte aéreo. El evento se celebró en un terreno ubicado al oeste de la zona de La Albericia, que con el tiempo se convertiría en el primer aeródromo de la ciudad.

En 1912, se construyeron los primeros hangares y se mejoró el campo de vuelo. Un año después, en 1913, nació el Aeroclub Santanderino, lo que impulsó la creación de las Semanas Aeronáuticas, eventos dedicados a la promoción de la aviación.

Los primeros vuelos comerciales

En 1921, Santander quedó conectada por vía aérea con Bilbao y Bayona gracias a la Red de Hidroaviones del Cantábrico, operada por la Compañía Franco-Bilbaína de Transportes Aeronáuticos. Para ello, se habilitó la bahía de Santander como base para hidroaviones con carácter aduanero.

Mientras tanto, el aeródromo de La Albericia continuó su actividad, aunque durante la Guerra Civil Española (1936-1937) tuvo que compartir el tráfico aéreo con un nuevo aeródromo en Pontejos o Rubayo, situado al este de la bahía. Tras la contienda, La Albericia mantuvo el tráfico civil aunque con una presencia militar significativa.

En 1948, el aeródromo fue oficialmente abierto al tráfico aéreo civil tanto nacional como internacional para turismo y escalas técnicas comerciales. En 1950, la compañía Iberia inauguró la ruta aérea con Madrid, estableciendo un vínculo clave para la conectividad de la región.

La necesidad de un nuevo aeropuerto

A medida que el tráfico aéreo aumentaba, La Albericia se quedó obsoleta para las necesidades de la ciudad. Desde 1945, las autoridades ya contemplaban la construcción de un nuevo aeropuerto con mayor capacidad.

Tras varios estudios, se decidió que la mejor ubicación sería Parayas, en el municipio de Maliaño, a cuatro kilómetros al sur de Santander. Esta zona, situada al fondo de la bahía y junto a las marismas de Raos, ofrecía un espacio adecuado para la ampliación de infraestructuras.

Inauguración del Aeropuerto de Parayas

El 25 de septiembre de 1953, se inauguró oficialmente el Aeropuerto de Parayas, lo que llevó al cierre definitivo del aeródromo de La Albericia. La nueva instalación contaba con una pista de 1150 metros de longitud y 70 metros de anchura, un pequeño edificio terminal, oficinas, aduana y torre de control.

Sin embargo, en diciembre de 1959, un fuerte temporal rompió el muro de contención de las marismas, lo que provocó la inundación de las pistas y dependencias del aeropuerto. Los daños fueron significativos, y durante los años siguientes se construyó un nuevo dique de protección para evitar futuros incidentes.

En 1965, el aeropuerto pasó a denominarse Aeropuerto de Santander, y en 1967 se instaló un destacamento del Servicio Aéreo de Rescate, ampliando así su funcionalidad.

Expansión y modernización del aeropuerto

El crecimiento del tráfico aéreo hizo necesario una nueva ampliación de las instalaciones. En 1973, se aprobó un plan de modernización que incluyó:

  • Ampliación de la pista a 2400 metros de longitud
  • Construcción de un nuevo edificio terminal
  • Creación de un centro de emisores y un edificio contra incendios
  • Instalación de una nueva torre de control
  • Mejora del sistema de iluminación y balizamiento
  • Construcción de un hangar para helicópteros y una estación depuradora de aguas

Las obras finalizaron en 1976, y el 8 de agosto de 1977 se reinauguró el aeropuerto con su nueva infraestructura, consolidándolo como un punto estratégico para el transporte aéreo en el norte de España.

Homenaje a Seve Ballesteros

El 16 de abril de 2015, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el cambio oficial de denominación del aeropuerto, que pasó a llamarse Aeropuerto Seve Ballesteros-Santander, en homenaje al legendario golfista cántabro, considerado uno de los deportistas más importantes de la historia de España.

Desde entonces, el aeropuerto ha continuado su evolución, adaptándose a las necesidades del transporte aéreo moderno y consolidándose como una de las infraestructuras clave de Cantabria.