La estatua que no deja de mudarse: la historia de la monumento más viajero de Santander
Pocos monumentos en Santander han demostrado tanto espíritu viajero como la Farola de las Cuatro Estaciones. Este conjunto escultórico, diseñado con aire modernista por el arquitecto municipal Valentín Lavín y esculpido en piedra de Novelda por José Quintana, representa a través de figuras femeninas alegóricas las cuatro estaciones del año. Desde su creación en 1913, la farola ha sido testigo de la transformación de la ciudad, y su destino parece estar ligado al cambio, pues ha recorrido más calles que muchos turistas.
Un monumento en constante movimiento
Si hay algo que define a esta farola es su capacidad para mudarse de lugar. Aunque hoy la encontramos en La Alameda de Oviedo, su historia ha estado marcada por continuos desplazamientos. Su primer emplazamiento fue en la antigua Plaza de Pi y Margall, en el corazón de Santander, frente al entonces recién inaugurado Ayuntamiento.
A lo largo de los años, la farola cambió de domicilio varias veces:
- De la Plaza del Ayuntamiento a la Plaza de la Esperanza, donde iluminó el mercado durante varias décadas.
- De vuelta a su ubicación original en 1983, tras la construcción del aparcamiento subterráneo en la Plaza del Ayuntamiento.
- Desplazada nuevamente con la remodelación de la plaza en los años 80, quedando en una suerte de limbo urbano.
- Ubicada finalmente en La Alameda de Oviedo, donde parece haber encontrado un hogar definitivo… o al menos por ahora.
Luisa, la musa que inspiró las estaciones
Uno de los aspectos más curiosos de este monumento es que, a pesar de representar las cuatro estaciones del año, todas las figuras parecen haber sido esculpidas con el mismo rostro. La razón detrás de este enigma es la existencia de una única musa, cuya belleza cautivó al escultor José Quintana.
Su nombre era Basilisa García Herrera, aunque en Santander todo el mundo la conocía como Luisa. Originaria de Polanco, su atractivo era tan notable que José Quintana la eligió para inspirar a las cuatro figuras que adornan la farola. Se dice que la modelo cobraba 25 pesetas por sesión, lo que le valió el apodo de "La Veinticinco".
Símbolo de la evolución de Santander
Más allá de su valor artístico, la Farola de las Cuatro Estaciones es un testigo de la historia y la evolución urbana de Santander. Su presencia en diferentes puntos de la ciudad ha marcado épocas y transformaciones, convirtiéndola en un símbolo cambiante y adaptable, sin perder su identidad.
Ahora, en La Alameda de Oviedo, parece haber encontrado un lugar estable. Pero con un monumento tan inquieto, nada está escrito en piedra. Quizás, en el futuro, decida volver a hacer las maletas y emprender una nueva travesía por Santander.

