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Estos castillos de Cantabria parecen sacados de ‘Juego de Tronos’ y puedes visitarlos este verano

Olvida por un momento las playas. Este verano, el verdadero viaje está tras los muros de piedra | Tres castillos de Cantabria te invitan a explorar la Edad Media entre paisajes de ensueño y secretos centenarios

Son monumentos, pero también escenarios vivos de leyendas, cultura y arquitectura medieval. / TMC
Son monumentos, pero también escenarios vivos de leyendas, cultura y arquitectura medieval. / TMC

Cantabria es tierra de acantilados, valles, misterios... y fortalezas. Aunque a menudo eclipsados por sus playas o su gastronomía, los castillos cántabros ofrecen un viaje apasionante al pasado. Estas construcciones, entre la épica medieval y la cultura viva, son ideales para visitar en verano, en familia, rodeados de naturaleza, piedra y siglos de historia. Aquí destacamos tres que, por su valor patrimonial, belleza y accesibilidad, no deberían faltar en ninguna escapada.

1. Castillo del Rey (San Vicente de la Barquera): entre el mar y las cumbres

Construido en 1210 por orden de Alfonso VIII, el Castillo del Rey se alza sobre el promontorio rocoso que domina San Vicente de la Barquera, una de las villas marineras más bellas de Cantabria. Desde sus almenas se divisan los Picos de Europa, el Parque Natural de Oyambre y el extenso litoral occidental.

Tras su rehabilitación, el castillo acoge en su interior un centro cultural y museo, donde se puede explorar la historia de la villa, su relación con la corona y su estratégica ubicación costera. Paneles, audiovisuales y una exposición permanente ayudan a entender el papel fundamental que jugó San Vicente como puerto real y frontera marítima durante siglos.

Ideal para familias y viajeros curiosos, este castillo combina paisaje, historia y divulgación, en un marco escénico difícil de igualar.

2. Castillo de Agüero: la fortaleza del clan y el poder feudal

En el municipio de Agüero, entre prados verdes y silencio de valle, se esconde una de las fortalezas góticas más singulares de Cantabria. El Castillo de Agüero, con su torre cuadrada flanqueada por cubos cilíndricos almenados, parece sacado de una novela de caballerías.

Construido en el siglo XIII y reformado un siglo después, fue residencia de Pedro González de Agüero, figura central durante las guerras de bandos que desgarraron Cantabria en la Edad Media. El edificio aún conserva su diseño original: planta baja para guardia y caballerizas, planta noble para los señores, niveles superiores para criados y soldados, y un remate defensivo para la vigilancia.

Rodeado de leyendas, fue declarado Bien de Interés Cultural en 1985. Hoy, además de su valor histórico, sigue siendo escenario de grandes celebraciones: en sus jardines tuvo lugar recientemente la boda de Ignacio Boluda Ceballos, hijo del naviero Vicente Boluda.

El Castillo de Agüero es el lugar perfecto para quienes buscan historia viva, arquitectura defensiva y un ambiente auténtico, lejos de las rutas más turísticas.

3. Castillo de Pronillo (Santander): la historia como espacio creativo

En plena capital cántabra, junto al parque de las Llamas, se encuentra el Castillo o Palacio de Pronillo, una joya patrimonial que une origen medieval y rehabilitación contemporánea. Se trata de una torre defensiva adosada a un caserón señorial, con capilla, patio de armas y muros que conservan siglos de historia civil y militar.

Entre 2010 y 2012, el edificio fue restaurado gracias a una inversión conjunta del Estado y el Ayuntamiento de Santander (1,6 millones de euros). Hoy es la sede de la Fundación Santander Creativa, y acoge talleres, exposiciones, aulas y actividades abiertas al público. Su recuperación ha convertido a esta fortaleza urbana en un punto de encuentro entre la historia y el arte contemporáneo.

El visitante puede recorrer su exterior, conocer sus espacios internos y disfrutar de una oferta cultural innovadora, sin perder la conexión con el pasado noble de la ciudad.

Estos tres castillos —el marinero, el señorial rural y el urbano artístico— reflejan la riqueza diversa del patrimonio cántabro. Son más que ruinas o piedras: son lugares donde el tiempo se almacena y se comparte con quienes saben mirar.

Visitar un castillo en Cantabria no es solo un plan cultural: es una aventura familiar, un ejercicio de memoria y una experiencia que conecta generaciones. Y este verano, son más accesibles y fascinantes que nunca.

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