El Racing se reencuentra con su fútbol y la confianza
Victoria convincente del Racing de Santander en El Sardinero ante el Real Zaragoza (2-0) en uno de esos partidos que sirven para despejar dudas, reforzar ideas y recuperar impulso en el tramo decisivo de la temporada. Tres puntos de oro que devuelven a los cántabros a la senda del triunfo tras el traspié de la semana anterior en Anduva, y que consolidan su candidatura firme al ascenso a Primera División.
Pero más allá del resultado, el encuentro dejó una sensación muy distinta a la de jornadas anteriores. El equipo de José Alberto volvió a reconocerse en su juego: hubo control, hubo paciencia, hubo presión alta y, por momentos, una versión de conjunto que recuerda al Racing más reconocible de este curso. Enfrente, un Zaragoza en horas bajas, que nunca llegó a inquietar seriamente la portería defendida por Jokin Ezkieta, y que acabó desbordado por la propuesta ofensiva y el orden táctico de los verdiblancos.
El Racing impone su ley desde el control
El partido, marcado por la expulsión de Calero en la primera parte y el posterior penalti fallado por Andrés Martín, se rompió definitivamente en la segunda mitad. El Racing, que ya había mostrado superioridad numérica y territorial, salió del vestuario con decisión y encontró rápidamente el gol de Pablo Rodríguez tras un saque de esquina bien ejecutado. A partir de ahí, el dominio fue absoluto.
El 2-0 llegó tras una presión adelantada que Andrés Martín aprovechó para firmar su redención tras errar desde los once metros. Una muestra de carácter que define al momento de forma del sevillano, que se ha convertido en uno de los líderes ofensivos del equipo. Su insistencia y verticalidad marcaron diferencias ante una defensa zaragocista cada vez más superada.
Iñigo Vicente y Manu Hernando, dos nombres propios
Uno de los aspectos más positivos del encuentro fue la reaparición en plenitud de Iñigo Vicente. Tras semanas discretas, el atacante vasco volvió a tener presencia en el juego, asociándose con Andrés y Rodríguez, generando desequilibrio y ofreciendo soluciones entre líneas. Su aportación es esencial para el estilo del Racing y su buen rendimiento es uno de los barómetros que miden el estado de forma del equipo.
También fue notorio el papel de Manu Hernando en el eje de la zaga. Firme al corte, concentrado en la marca y muy acertado en la salida de balón, el central mostró su versión más sólida, algo que se echaba en falta en semanas anteriores. Su entendimiento con Javi Castro fue clave para neutralizar las tímidas acometidas del Zaragoza, que apenas encontró espacios en campo contrario.
Maguette y Aldasoro: intensidad y equilibrio
El centro del campo volvió a estar sostenido por una pareja que ha ido creciendo con el paso de las jornadas: Maguette Gueye y Aritz Aldasoro. El primero, en su mejor momento desde que llegó, mostró poderío físico, rigor táctico y compromiso defensivo. El segundo, cada vez más asentado como pulmón del equipo, volvió a ofrecer ese equilibrio entre la destrucción y la conducción que lo ha hecho insustituible para José Alberto.
Los cambios introducidos en la segunda parte no alteraron el tono competitivo del equipo, aunque algunos, como Meseguer o Vencedor, siguen sin dejar actuaciones determinantes. Karrikaburu, en cambio, aportó movilidad en los últimos metros, generando un par de ocasiones sin demasiado peligro, pero dando descanso a Arana, que sigue negado de cara al gol.
Victoria que refuerza y distancia que tranquiliza
Con este resultado, el Racing vuelve a posiciones de ascenso directo, pero además amplía a siete puntos la distancia respecto al séptimo clasificado, el primero fuera del playoff. En un campeonato tan apretado como LaLiga Hypermotion, esa brecha es una ventaja psicológica de valor incalculable. La victoria ante el Zaragoza no solo suma, también refuerza internamente al vestuario después de la derrota en Miranda, y ratifica el compromiso del equipo con el objetivo de regresar a la élite.
La próxima cita ante el Levante, se presenta como otra oportunidad de consolidar el estado de forma recuperado. Si el Racing mantiene este nivel, especialmente en lo colectivo, tendrá argumentos suficientes para seguir peleando por el ascenso directo hasta la última jornada.
El Sardinero, factor diferencial
El ambiente vivido en El Sardinero fue de otra categoría. Más de 22.000 espectadores, un recibimiento masivo al equipo, pancartas, cánticos, bengalas, tifo de La Gradona... Todo contribuyó a crear una atmósfera que se sintió desde el túnel de vestuarios. Esta comunión entre equipo y afición no solo es admirable, es también una herramienta competitiva.
Si el Racing mantiene este impulso, y la grada continúa empujando como ante el Zaragoza, El Sardinero puede ser, jornada a jornada, la trinchera desde la que construir el ascenso.