¿Quién nos habla ahora de honradez?

Revilla, el sepulturero de la honradez, dando lecciones sobre corrupción

En una escena digna del teatro del absurdo, Miguel Ángel Revilla —expresidente de Cantabria y símbolo viviente del populismo rancio— decide, tras décadas de mirar hacia otro lado, subir al púlpito y dar lecciones sobre corrupción. ¿El mismo hombre que permitió los mayores escándalos institucionales en su región? Sí. Ese mismo. Y no se le cae la cara de vergüenza.
Sánchez, Revilla y su credibilidad.
Sánchez, Revilla y su credibilidad.

Miguel Ángel Revilla, el hombre que presidió Cantabria mientras se gestaban escándalos como el caso Obras Públicas, Gesvican y las compras opacas de material sanitario durante la pandemia, ahora arremete contra Pedro Sánchez por su entorno de “incompetentes proclives a la corrupción”. El mismo Revilla que se aferró al poder mientras su administración se desmoronaba bajo el peso del clientelismo.

Este domingo, durante la XXX Fiesta Regionalista, Revilla se descolgó con un discurso lleno de indignación moral impostada. Según él, el problema de Sánchez es rodearse de “pelotas” y “mediocres”. Claro, porque si alguien sabe de permitir que mediocres gestionen lo público, es él.

El maestro del populismo

Revilla recuerda con nostalgia que Pedro Sánchez le llamaba para pedir consejo. Qué bonito. “¿Qué hago, Revilla?” le decía el presidente. Y claro, él le respondía como un oráculo montañés… hasta que el PRC le retiró el apoyo por sus “cambios de opinión”. Ahí se rompió la magia, y con ella, la llamada semanal.

Pero lo que no rompió fue el legado de una administración plagada de irregularidades. Auditorías sin contestar, contratos de emergencia adjudicados sin control, empresas amigas que se forraron durante la pandemia... Pero todo eso, parece, no merece mención cuando es él quien habla.

Honradez según convenga

“Puede ser muy inteligente, puede ser un genio; si no es honrado, no vale”, sentenció el señor Revilla. Fascinante. ¿Dónde estaba esa vara de medir cuando sus consejeros firmaban contratos a dedo, cuando los expedientes se apilaban sin supervisión, o cuando su gobierno se negó a colaborar con el juzgado en el caso de las mascarillas?

Que no se nos olvide: la corrupción que hoy él denuncia, también fue suya por omisión, permisividad o simple ceguera política. Y ahora, con el barco hundiéndose, viene a repartir chalecos salvavidas desde la costa.

Conclusión: cuando el pirómano denuncia el fuego

Lo de Revilla no es opinión política. Es teatro. Es populismo puro, sin filtrar. Un hombre que alimentó el sistema con décadas de clientelismo, que permitió que su nombre quedara ligado a la era más opaca de la gestión pública en Cantabria, viene ahora a darnos lecciones de honradez.

Mientras tú te ponías la mascarilla, ellos se la quitaban para firmar contratos. Mientras tú seguías las normas, ellos las burlaban por la puerta de atrás. Y ahora, te señalan con el dedo por votar mal.

La ironía no muere. Solo se disfraza de anchoa.


Seguiremos actualizando. Porque lo que queda por contar, todavía huele a desinfectante y a traición.

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