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Yolanda Díaz reacciona con muecas y gestos, evitando la confrontación directa con María Jesús Montero

En un escenario político lleno de tensión, la ministra María Jesús Montero defendió la política fiscal del Gobierno mientras enfrentaba ataques duros del PP, mientras que Yolanda Díaz, visiblemente incómoda, optaba por mantenerse al margen
(I-D) La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante un pleno. / Eduardo Parra / EP
(I-D) La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, durante un pleno. / Eduardo Parra / EP

En la última sesión de control al Gobierno, celebrada en el Congreso de los Diputados el miércoles pasado, se vivió una escenificación política de alto voltaje. Yolanda Díaz, la vicepresidenta segunda, y María Jesús Montero, la ministra de Hacienda, protagonizaron un tira y afloja que dejó claro cómo se manejan las relaciones dentro del Gobierno de coalición en un momento de profunda división interna.

El presidente Pedro Sánchez y la ministra Montero optaron por usar el comodín del chalet de Feijóo y el machismo respectivamente para desviar la atención de temas espinosos. Montero, en una clara jugada de estrategia feminista, acusó al portavoz popular Elías Bendodo de machismo al dirigirse a ella y a Yolanda Díaz, preguntándose si habría utilizado las mismas palabras y el mismo tono si hubieran sido dos hombres en lugar de dos mujeres.

Por su parte, el tema del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) fue el campo de batalla entre Montero y Díaz, que protagonizaron una serie de gestos de incomodidad. Montero defendía a capa y espada la política fiscal del gobierno, buscando defender la posición socialista y hacer frente a las críticas del PP y Vox. Sin embargo, Díaz, visiblemente incómoda, no aplaudía ni mostraba aprobación en ningún momento, dejando claro que las tensiones con su compañera de gabinete son más profundas de lo que parece.

Montero vs. PP y Vox: Ataques y Defensas

El PP fue implacable en su ataque a Montero, quien pasó casi toda la sesión siendo blanco de sus críticas sobre la gestión fiscal y la recaudación del Gobierno. Cuca Gamarra, secretaria general del PP, comenzó acusando a Montero de preocuparse solo por mantener el poder adquisitivo de su Gobierno, mientras que Elías Bendodo le lanzó una crítica directa: “¿Sabe cuál es el peor enemigo de Pedro Sánchez? El mismo que el suyo, la hemeroteca”, señalando las inconsistencias en la política fiscal del Gobierno. En este escenario, Montero, como era de esperar, reaccionó con vehemencia y acusa al PP de mentir.

El PP no se limitó a cuestiones fiscales; también sacó a la luz temas polémicos como las deudas de Aldama con la agencia tributaria, lo que Montero aprovechó para responder con agresividad. A cada ataque, Montero aumentaba su tono desafiante, pero sin perder nunca el control. Sin embargo, la tensión escaló aún más cuando la ministra fue llamada por la popular Ester Muñoz a relajarse, lo que desató una serie de intercambios cada vez más intensos.

La postura de Yolanda Díaz: Imágenes y gestos

Lo realmente revelador fue la actitud de Yolanda Díaz, la vicepresidenta segunda, sentada al lado de Montero durante toda la sesión. En lugar de intervenir en el debate, Díaz optó por no hacer comentarios y se limitó a hacer gestos de incomodidad y expresiones faciales mientras su compañera hablaba. Rufián fue directo al calificar la situación, diciendo que las discrepancias entre las dos dependen del interés de Sumar en obtener titulares, aludiendo a que Díaz estaba sacando rentabilidad a la polémica. Mientras Montero se esforzaba por defender las medidas fiscales del Gobierno, Díaz solo respondía con muecas, como si no quisiera involucrarse demasiado en un tema que claramente no la convence.

El último cartucho: ¿Ruptura o adaptación?

En cuanto a la estrategia del Gobierno, la coalición parece estar alejada de cualquier posibilidad de ruptura, aunque las tensiones están a flor de piel. El PSOE ha decidido que no negociará con Sumar sobre el SMI ni sobre el IRPF, lo que deja a Díaz en una posición difícil, con presiones por parte de su propio partido y la constante amenaza de que PP y Sumar podrían aliarse en el Congreso para forzar una reforma que el PSOE no desea.

El momento más tenso llegó cuando el portavoz del PP en el Congreso, Miguel Tellado, preguntó a Díaz si tenía sentido seguir en un Gobierno donde los desacuerdos son cada vez más notorios. La respuesta de Díaz fue directa: "Sí merece la pena mejorar la vida de la gente siempre", una defensa implícita de la coalición, aunque su postura no dejó de ser ambigua.

La sesión de control al Gobierno evidenció que las tensiones internas en el Ejecutivo están lejos de ser resueltas. Montero y Díaz, dos figuras claves del Gobierno, parecen estar jugando un juego político donde los gestos, las posturas y los comodines como el machismo o el feminismo se convierten en herramientas de poder para fortalecer o socavar la posición de la otra. Mientras Montero se enfrenta sola a PP y Vox, Díaz prefiere mantenerse al margen, poniendo cara y dejando claro que, en la lucha interna, su prioridad es conseguir titulares.

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