Viqui Molins: La ‘monja de los pobres’ que entregó su vida al servicio de los más necesitados
Para muchos, su partida deja un vacío inmenso, pero su legado perdurará en las calles de Barcelona, en el hospital de campaña que fundó y en el corazón de todos aquellos a quienes tocó con su generosidad
La religiosa Viqui Molins, conocida en Barcelona como la “monja de los pobres”, ha fallecido a los 88 años en su casa del Raval, dejando un legado imborrable de amor, dedicación y lucha por los más desfavorecidos. Su vida fue un testimonio de entrega incondicional a los más vulnerables de la sociedad, desde los sin hogar hasta los reclusos y drogodependientes. Su dedicación fue tan profunda que incluso en sus últimos años fundó la Fundación Viqui Molins para garantizar que su labor social continuara más allá de su vida.
Nacida en 1936 en una familia acomodada de Barcelona, Viqui Molins decidió en su juventud unirse a la Compañía de Santa Teresa de Jesús, comenzando su carrera religiosa y dedicándose a la educación. Sin embargo, su visión del mundo sufrió un giro radical tras un viaje a Nicaragua en los años 80, donde se sumergió en la teología de la liberación y vio de cerca las realidades más duras de la pobreza. A partir de allí, comenzó a cuestionarse el rol de la iglesia en la sociedad y, en lugar de vivir una vida apartada, se volcó en la atención a los más necesitados.
Su mayor legado fue la creación del Hospital de Campaña de Santa Anna, en pleno corazón de Barcelona, una iniciativa que nació en 2017 como respuesta a la crisis humanitaria que viven las personas sin hogar, especialmente durante los meses más fríos del año. Junto al sacerdote Peio Sánchez, Molins convirtió la parroquia de Santa Anna en un refugio donde se reparte más de 300 comidas diarias a los más vulnerables, además de ofrecerles servicios de salud mental y alojamientos temporales. Esta acción se inspiró en el mensaje del Papa Francisco, quien ha instado a la iglesia a convertirse en un “hospital de campaña” para aquellos que más lo necesitan.
A lo largo de su vida, Molins también luchó por la inclusión de las personas que ejercen la prostitución, a las que consideraba víctimas de una sociedad que las margina. Fue una de las primeras religiosas en Barcelona en acercarse a ellas con una visión de respeto y empatía, promoviendo la regulación de la prostitución y defendiendo sus derechos laborales.
En su testimonio, Viqui Molins siempre destacó la importancia de compartir la pobreza, no solo material, sino también la pobreza espiritual de aquellos que se sienten excluidos y abandonados por la sociedad. “Mi tarea no es ser omnipotente y poner remedio a las cosas, sino compartir pobrezas: la mía y la de mis amigos”, escribía en 2013.
Molins también fue una escritora prolífica, habiendo publicado más de 60 libros a lo largo de su vida. Su obra más conocida, Aleixa. Historia de amor y dolor de una adolescente, fue adaptada por el cineasta Javier Fesser para el aclamado film Camino, que aborda el dolor y la vida de fe a través de los ojos de una joven que se enfrenta a la muerte.
A pesar de sus profundas creencias religiosas, Molins nunca dudó en desafiar las estructuras tradicionales de la iglesia. Fue crítica con el celibato obligatorio y defendió que este debía ser una opción personal, no una imposición institucional. También fue una voz disidente dentro de la jerarquía eclesiástica, al punto de colaborar activamente en causas políticas como las elecciones de 2017, donde se presentó simbólicamente en las listas de Junts per Catalunya.
Los tributos no se han hecho esperar. Políticos como Carles Puigdemont y Salvador Illa han expresado su pesar por su partida, mientras que quienes trabajaron a su lado en el hospital de campaña de Santa Anna la recuerdan como una fuente inagotable de amor y dedicación.