La vergüenza internacional: Sánchez se alinea con el régimen de Maduro
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a situarse en el centro de la polémica internacional tras posicionarse, una vez más, junto al líder venezolano Nicolás Maduro, cuya narcodictadura atraviesa una de sus peores crisis. Mientras Estados Unidos intensifica su ofensiva contra los cárteles de la droga que sostienen al régimen chavista, Sánchez ha preferido lanzar un mensaje que, en la práctica, supone un claro alivio político para el mandatario caribeño, según publica OkDiario.
Desde la cumbre del G-20, celebrada en Sudáfrica, Sánchez evitó cualquier condena directa contra el régimen de Maduro, esquivando términos como dictadura, pucherazo, violaciones de derechos humanos o falta de democracia. En su lugar, invocó el «derecho internacional» para censurar las operaciones estadounidenses en el Caribe. Un posicionamiento que lo acerca de nuevo al eje formado por China, Rusia y Cuba, tres regímenes que han reafirmado públicamente su apoyo a Maduro.
Un discurso calculado para no incomodar a la Venezuela chavista
En lugar de denunciar la represión, los presos políticos o el fraude electoral que sostienen al chavismo, Sánchez optó por referirse al «resultado electoral» evitando palabras incómodas. Pese a admitir que España no reconoce a Maduro como presidente legítimo, el jefe del Ejecutivo insistió en que esta «ilegitimidad» no debería justificar una intervención de EE.UU., insistiendo en la “necesidad de diálogo” y el “respeto al derecho internacional”.
La maniobra supone un claro balón de oxígeno para el líder bolivariano, señalado por organismos internacionales por su papel en el cártel de los Soles y por la devastación política y económica que vive el país.
España se aleja de sus aliados occidentales
La postura de Sánchez acerca aún más a España al bloque China–Rusia–Cuba, gobiernos acusados de autoritarismo y vulneraciones de derechos fundamentales. Una tendencia que no es nueva y que se ha intensificado bajo la influencia de José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo papel en la crisis venezolana ha sido ampliamente cuestionado.
A ello se suma la dependencia parlamentaria del PSOE respecto a Podemos y Sumar, formaciones con reconocidos vínculos ideológicos, económicos y políticos con el chavismo.
Un giro que profundiza la crisis política en España
La intervención de Sánchez llega en su peor momento político, en plena erosión institucional y con múltiples focos de desgaste. Su apoyo indirecto al régimen venezolano provoca un nuevo terremoto interno y un distanciamiento con los principales socios europeos y atlánticos.
Mientras tanto, Maduro, sostenido por la represión y por el respaldo de China, Rusia y Cuba, continúa aferrado al poder en un país marcado por la pobreza extrema y el colapso institucional. Y España, bajo la dirección de Sánchez, vuelve a alinearse peligrosamente con los aliados del chavismo.