barómetro del CIS

Tezanos maquilla la crisis del PSOE con encuestas irreales del CIS

El organismo dirigido por José Félix Tezanos vuelve a ser acusado de sesgo tras otorgar un crecimiento inexplicable a Sánchez en plena crisis institucional

El presidente del CIS, José Félix Tezanos. / Rafael Bastante
El presidente del CIS, José Félix Tezanos. / Rafael Bastante

En un contexto político marcado por escándalos judiciales, incendios sin respuesta institucional efectiva y una creciente desafección ciudadana, el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) vuelve a ofrecer una fotografía política que no casa con la realidad que se vive en las calles. Según el organismo presidido por José Félix Tezanos, el PSOE no solo resiste, sino que aumenta su ventaja hasta los 9 puntos sobre el Partido Popular.

La encuesta se publica en plena tormenta política: la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, acumula ya cinco delitos imputados, entre ellos tráfico de influencias y corrupción en los negocios. La agenda política está copada por el ‘caso Cerdán’, por las investigaciones abiertas contra altos cargos y por la creciente percepción de impunidad institucional.

A pesar de este contexto, el CIS otorga al PSOE un 32,7% de intención de voto, 5,7 puntos más que en julio. Un crecimiento inexplicable si se compara con el deterioro objetivo de la imagen del Ejecutivo. Todo ello mientras el Partido Popular cae 2,8 puntos, Vox se debilita ligeramente y Sumar se mantiene estancado.

No sorprende que el CIS, bajo la dirección de un histórico dirigente socialista como Tezanos, sea incapaz de disimular ya su sesgo. Desde que asumiera el cargo en 2018, el CIS ha errado sistemáticamente en sus proyecciones. En 41 de las 42 citas electorales, las encuestas del organismo público han sobreestimado el voto de la izquierda. Este patrón, lejos de corregirse, se ha intensificado.

La instrumentalización del CIS no es nueva, pero la gravedad de esta práctica se multiplica cuando coincide con la utilización sistemática del aparato del Estado como herramienta de propaganda. Pedro Sánchez no solo encarga encuestas sobre prostitución mientras su partido reparte favores con prostitutas, sino que también prepara un "plan anticorrupción" mientras su entorno más cercano está siendo investigado por corrupción estructural.

La desconexión entre la cocina del CIS y la cocina del país es ya insalvable. Mientras los españoles asisten con estupefacción a un goteo constante de escándalos, el organismo que debería reflejar la opinión pública parece funcionar como un órgano de validación partidista.

Y así, en un país donde se confunde la estadística con el relato, se va configurando una democracia aparente donde las instituciones pierden legitimidad al servicio del relato de un solo partido.

Porque cuando la mentira se institucionaliza, la democracia deja de ser un proceso deliberativo y pasa a ser una performance.

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