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“Solo él y Santos Cerdán lo sabían”: la cita que Ferraz y Sánchez quieren olvidar

Durante años, Paco Salazar fue una sombra imprescindible en el ascenso de Pedro Sánchez | Hoy, tras su caída en desgracia, el presidente guarda silencio, pero la hemeroteca no
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside la reunión de la Comisión Ejecutiva Federal en la sede de Ferraz. / Alejandro Martínez Vélez
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside la reunión de la Comisión Ejecutiva Federal en la sede de Ferraz. / Alejandro Martínez Vélez

La relación entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el dirigente socialista Paco Salazar, vuelve al centro del debate político tras la reaparición de elementos que demuestran la profunda confianza mutua durante momentos clave del ascenso del actual líder del PSOE. La situación adquiere un carácter aún más complejo debido a las acusaciones de agresión sexual contra Salazar, que han precipitado su salida forzada de todas las responsabilidades institucionales y orgánicas.

Presencia estructural en el núcleo de poder

De acuerdo con múltiples pasajes del libro Manual de resistencia, publicado por Pedro Sánchez en 2019, Paco Salazar figuraba entre los colaboradores más estrechos del actual presidente. Su rol fue especialmente relevante en tres momentos clave:

  1. Recogida de avales en las primarias de 2017, donde Sánchez se enfrentó a Susana Díaz y Patxi López. Según el testimonio del propio presidente, Salazar, junto con Santos Cerdán, fue uno de los tres únicos conocedores del número real de avales, en un contexto de máxima tensión interna.

  2. Diseño y organización del mitin en Dos Hermanas, donde Sánchez oficializó su candidatura, en coordinación con Salazar y Alfonso Gómez de Celis. Este evento es recordado como un punto de inflexión emocional y estratégico en la recuperación del liderazgo del PSOE.

  3. Participación en el comité de crisis durante la sentencia del caso Gürtel, previa a la moción de censura contra Mariano Rajoy, donde Salazar fue convocado a las reuniones junto a figuras como Carmen Calvo, Adriana Lastra, José Luis Ábalos e Iván Redondo.

Estos episodios reflejan una estrecha conexión política y personal, que no fue casual ni superficial, sino operativa y sostenida en el tiempo.

El contexto actual: una desconexión forzada

El actual distanciamiento público de Pedro Sánchez respecto a Salazar, en medio de las denuncias por conductas indebidas contra mujeres de su entorno profesional, contrasta de manera llamativa con el reconocimiento explícito de su relevancia en años anteriores. La afirmación repetida por el entorno del presidente de que “no existía vínculo orgánico” resulta, cuando menos, frágil a la luz de las referencias documentadas.

Desde una perspectiva institucional, este viraje discursivo responde a una lógica defensiva: minimizar el coste reputacional de la cercanía al dirigente caído en desgracia. La estrategia recuerda a dinámicas similares observadas en crisis de reputación política en otros sistemas democráticos, donde la visibilidad pasada se convierte en lastre.

Paco Salazar no fue un colaborador menor. El relato del presidente, publicado bajo su firma, lo inscribe como pieza clave en los momentos fundacionales de su segundo ascenso al liderazgo. Las revelaciones sobre su conducta y posterior exclusión del organigrama político ponen de relieve una tensión central en la política contemporánea: la contradicción entre la memoria selectiva del presente y el registro indeleble del pasado.

La renuncia a toda responsabilidad institucional por parte de Salazar no borra su papel previo. Y en tanto ese papel aparece recogido en un documento que el propio Pedro Sánchez diseñó como testimonio de su reconstrucción política, resulta imposible evitar que la figura de Salazar opere como símbolo —incómodo, pero inevitable— de los equilibrios y fragilidades del poder.

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