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Corrupción, dimisiones y caos: el Gobierno de Sánchez toca fondo

Pedro Sánchez ha iniciado sus vacaciones de Navidad dejando atrás un PSOE fracturado, un Congreso bloqueado y un Gobierno asediado por los escándalos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / EP
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / EP

Pedro Sánchez ha iniciado sus vacaciones navideñas con una breve videoconferencia con las tropas españolas desplegadas en el exterior, cumpliendo así con la tradición del 24 de diciembre. A partir de este momento, el presidente del Gobierno desaparecerá del foco público durante dos semanas, hasta el próximo 6 de enero, cuando presidirá la Pascua Militar junto al Rey.

Una escapada marcada por la crisis interna

Este año, Sánchez adelantó más que nunca su tradicional comparecencia de balance anual —la realizó el 15 de diciembre— con el objetivo de evitar enfrentarse públicamente al mal resultado del PSOE en las elecciones de Extremadura. El Ejecutivo ha confirmado que no habrá más agenda pública hasta Reyes, aunque, como es habitual, no se revelan los detalles privados del descanso del presidente, que podría pasar parte de estas fechas en Lanzarote o en el Pirineo, practicando esquí o bicicleta de montaña.

El PSOE, en plena efervescencia interna

Mientras tanto, la situación en su partido es de máxima tensión. El batacazo electoral en Extremadura ha sido un punto de inflexión. La dimisión de Miguel Ángel Gallardo no ha calmado a los sectores críticos. Jordi Sevilla, exministro socialista, ha desvelado que promueve una iniciativa para «recuperar la socialdemocracia» y dejar atrás el «sanchismo».

Por su parte, Juan Carlos Rodríguez Ibarra ha propuesto que el PSOE se abstenga para permitir la investidura de María Guardiola sin depender de Vox. Una idea que el partido rechazó de inmediato, pese a que esa negativa contradice el discurso oficial contra la «ultraderecha». Mientras se denuncia a Vox, se mantiene la expectativa de que forme parte del nuevo gobierno extremeño para alimentar la retórica del miedo.

Guerra fría con Sumar y crisis con sus socios

Sánchez también ha decidido ignorar la petición de Yolanda Díaz, que reclamó una remodelación profunda del Gobierno tras los escándalos de corrupción que han sacudido al Ejecutivo:

  • El encarcelamiento de José Luis Ábalos

  • La detención de Leire Díez y Antxon Alonso (vinculado a Santos Cerdán y la empresa Servinabar)

  • La investigación a altos cargos públicos y empresas estatales (SEPI, Correos, Mercasa, Enusa…)

Podemos ha sido tajante:
«Este Gobierno está muerto», aseguran.
Desde ERC, Gabriel Rufián lanza otro aviso:
«Resistir no es una estrategia, es una renuncia. Avanzar es la única opción política legítima».

Un Gobierno dividido y un Parlamento por desbloquear

Antes de marcharse, el presidente dejó aprobado en el último Consejo de Ministros el decreto ley ómnibus, que incluye desde la revalorización de las pensiones hasta medidas sociales y económicas dispares, agrupadas en un único paquete legislativo.

El objetivo, según fuentes parlamentarias, es forzar al Congreso a convalidarlo en bloque. Si no lo aprueban, el Gobierno acusará a la oposición de ir contra los pensionistas. Si se aprueba, Sánchez lo presentará como señal de «estabilidad» para lo que resta de legislatura.

Sin embargo, ni el PP, ni Junts, ni el PNV han confirmado cuál será su voto. El precedente de enero de 2025, cuando un decreto similar fue rechazado y tuvo que ser recompuesto con un acuerdo exprés con Puigdemont, sigue presente.

Los problemas lo esperan a la vuelta

El regreso de Sánchez a la vida pública no será fácil. A su vuelta lo esperan:

  • La crisis del PSOE

  • Las elecciones en Aragón con mal pronóstico para Pilar Alegría

  • La tensión con sus socios

  • Los casos judiciales que afectan a su entorno más cercano, incluida la causa contra su esposa Begoña Gómez

  • El debate sobre el futuro del Gobierno

 

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