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Renfe, Correos y otras empresas públicas: el “coladero” político que alimenta las tramas de corrupción

La nueva comisión nace mientras España acumula retrasos en la aplicación de la Ley 2/2023 de protección a denunciantes, criticada por su falta de recursos y su dependencia del Ministerio de Justicia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante un pleno extraordinario, en el Congreso de los Diputados. / Eduardo Parra
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante un pleno extraordinario, en el Congreso de los Diputados. / Eduardo Parra

El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado la creación de una comisión interministerial contra la corrupción, presidida por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en un momento en el que el Ejecutivo está rodeado por una creciente oleada de casos judiciales. Según informa Vozpópuli, la nueva comisión contará también con la participación del ministro de Justicia, Félix Bolaños, y del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska.

La iniciativa fue aprobada en el Consejo de Ministros del pasado martes, y forma parte de un paquete de medidas con el que Moncloa pretende proyectar una imagen de compromiso con la transparencia y la integridad institucional. Entre los objetivos declarados figura la puesta en marcha de una Agencia Independiente de Integridad Pública, que supuestamente tendrá capacidad para iniciar investigaciones y reforzar a la Fiscalía Anticorrupción.

Sin embargo, tal y como advierte Vozpópuli, estas nuevas medidas se presentan sin haber cumplido todavía los compromisos básicos establecidos por la Ley 2/2023, que regula la protección de los denunciantes de corrupción. Esta ley, que emana de una directiva europea, debía haber sido implementada con urgencia, pero su desarrollo se encuentra retrasado y limitado.

Retraso en la implementación de la ley y deficiencias estructurales

La Ley 2/2023 fue adoptada casi tres años después de la aprobación de la directiva comunitaria, tras una advertencia directa de la Comisión Europea al Gobierno español. A pesar de que entró en vigor en 2023, según detalla Vozpópuli, a día de hoy la ley no se aplica de forma efectiva. Existen desequilibrios entre comunidades autónomas, muchas de las cuales no han creado oficinas Antifraude y siguen dependiendo de la autoridad estatal.

Además, expertos citados por el medio señalan que la normativa carece de los recursos necesarios para ser operativa. Según Safira Cantos, presidenta de la fundación Hay Derecho, "esta normativa necesita estar dotada de medios, y en estos momentos se están produciendo evidentes problemas por la escasa disposición de recursos públicos". Añade que los denunciantes de corrupción deben estar debidamente blindados, como exige la Comisión Europea.

La dependencia del Ministerio de Justicia, otro de los puntos críticos

Uno de los principales obstáculos para la independencia real de los mecanismos anticorrupción reside, según Vozpópuli, en el hecho de que la ley depende directamente del Ministerio de Justicia, encabezado por Félix Bolaños. Este ministerio es el encargado tanto de la coordinación como de la ejecución y financiación de las medidas.

Cantos y otros expertos reclaman que la Autoridad Independiente de Protección del Informante no esté subordinada al Ejecutivo, sino que debería depender de los Presupuestos Generales del Estado y rendir cuentas ante el Congreso de los Diputados. La dependencia ministerial, advierten, compromete su neutralidad y dificulta la implementación real de los mecanismos de denuncia.

Falta de protección real para los denunciantes

La información publicada por Vozpópuli subraya que la ley actual no garantiza el acceso gratuito a defensa letrada, ni una protección psicológica suficiente para quienes denuncien irregularidades. La cobertura temporal de la protección también se considera limitada.

Casos concretos, como el de un funcionario del Gobierno de Navarra que fue trasladado de su puesto tras denunciar irregularidades en una adjudicación pública, ilustran los riesgos reales a los que se enfrentan los denunciantes. La Oficina de Buenas Prácticas y Anticorrupción de Navarra (OANA) acreditó que dicho traslado fue una represalia directa. Según Cantos, el Gobierno debería sancionar de forma inmediata a quienes adopten medidas punitivas contra los denunciantes, además de suspender la ejecución de estos "castigos" administrativos.

También se pone el foco en la necesidad de ofrecer asistencia psicológica obligatoria, algo que actualmente sólo está previsto en casos excepcionales y que, según indica el medio, sólo se ha intentado implementar en la Agencia Valenciana Antifraude, con escaso éxito hasta la fecha.

El uso político de las empresas públicas y los nombramientos a dedo

Otra crítica destacada es la utilización de empresas públicas como plataforma de colocación de cargos afines al partido en el poder. En palabras de Cantos, "el trabajo más necesario sería evitar que las empresas públicas se conviertan en lugares para colocar a personas afines a los partidos políticos". Subraya que entidades como Renfe o Correos deberían dedicarse exclusivamente a fines de interés general, y no ser empleadas como herramientas políticas.

Esta práctica, según la experta, contribuye a que muchas de las tramas graves de corrupción en España incluyan a empresas públicas implicadas, debido a su mayor flexibilidad para realizar contrataciones sin el mismo nivel de control.

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