Puigdemont, en su punto más crítico con Sánchez: sin avances, sin Presupuestos y sin retorno
Un año después de su fallida incursión en España para boicotear la investidura de Salvador Illa, el expresidente catalán Carles Puigdemont atraviesa su momento más tenso con el Gobierno de Pedro Sánchez. A pesar de que Junts mantiene su apoyo parlamentario al Ejecutivo, los resultados obtenidos hasta ahora por parte del líder fugado no responden a sus expectativas.
Sin Presupuestos y con el diálogo congelado
La distancia entre Puigdemont y el PSOE se refleja con claridad en una consigna interna: “De Presupuestos, nada”. Los herederos de Convergència han dejado claro que no darán su apoyo a las cuentas de 2026 si no hay contrapartidas políticas claras "para Cataluña".
El deterioro de la relación se agrava con la ausencia de Santos Cerdán, el exnúmero tres del PSOE encarcelado por el caso Koldo, que era el principal interlocutor con Waterloo. La ausencia de un nuevo canal directo con peso dentro del partido socialista ha dejado a Puigdemont sin vía efectiva para presionar al Gobierno.
La amnistía no basta: Puigdemont exige más
Pese a que el Tribunal Constitucional avaló la Ley de Amnistía, esta aún no ha permitido el retorno libre de Puigdemont a España. Ahora, el expresident exige que el presidente del TC, Cándido Conde-Pumpido, intervenga para suspender la orden de detención que aún pesa sobre él. Solo así podría regresar sin ser arrestado.
Además, Junts presiona para avanzar en otros frentes: el traspaso de competencias en inmigración, la oficialidad del catalán en la UE y la publicación de las balanzas fiscales. Ninguno de estos compromisos se ha materializado, lo que está generando creciente malestar incluso entre los sectores más moderados del partido.
Relación de conveniencia con el PSOE
A pesar de los desencuentros, Junts no contempla por ahora romper con el PSOE. La formación considera que mantener a Sánchez en el poder les sigue siendo útil para obtener concesiones a medio plazo. Por eso evitaron forzar una moción de confianza en febrero, a pesar de las tensiones.
Fuentes del partido admiten que la relación se basa en una “dependencia mutua” que conviene a ambos: Sánchez necesita los votos independentistas para sobrevivir en La Moncloa, y Puigdemont necesita al socialista débil para erigirse como el gran defensor de los intereses catalanes desde el extranjero.
Sin avances en inmigración y enfrentamiento con Podemos
Uno de los grandes fracasos del pacto con el Gobierno ha sido el bloqueo al traspaso de la competencia de inmigración a la Generalitat. El veto de Podemos a esta medida ha generado un duro choque entre Junts e Ione Belarra, a quien Puigdemont llegó a calificar de “xenófoba y supremacista”.
La fricción se enmarca en un escenario de mayor tensión identitaria en Cataluña, donde preocupa el auge de fuerzas como Aliança Catalana. Por eso, Junts ha promovido sin éxito medidas como la prohibición del burka o el uso del catalán como requisito para el permiso de residencia.
Zapatero, interlocutor provisional
Ante la caída de Cerdán, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha asumido un rol temporal como puente entre Moncloa y Waterloo. Sin embargo, desde Junts exigen un interlocutor orgánico con capacidad ejecutiva, que pueda trasladar los acuerdos a los ministerios y garantizar su cumplimiento.