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“Está un poco desquiciado”: la conversación grabada de Ábalos y Calviño contra Pablo Iglesias

Un audio filtrado desvela cómo Ábalos y Calviño arremetieron contra sus socios de Podemos por una enmienda sobre desahucios, revelando fracturas profundas en el Gobierno de coalición
Nadia Calviño y José Luis Ábalos. / EP
Nadia Calviño y José Luis Ábalos. / EP

La revelación de una conversación privada entre José Luis Ábalos, exministro de Transportes, y Nadia Calviño, por entonces ministra de Economía, registrada en noviembre de 2020 por el asesor Koldo García, arroja luz sobre una dimensión frecuentemente oculta en la política contemporánea: el contraste entre el discurso público de unidad y las tensiones internas que lo sustentan.

La grabación, obtenida por la Unidad Central Operativa (UCO) y difundida por The Objective, muestra cómo, en plena tramitación de los Presupuestos Generales del Estado, una parte del Ejecutivo —representada por Calviño y Ábalos— reaccionaba con perplejidad y molestia ante la iniciativa de su socio de coalición, Podemos, de presentar una enmienda sobre desahucios y suministros básicos junto a ERC y Bildu.

Una conversación estratégica, no accidental

El audio comienza con la llegada de la llamada de Calviño a Ábalos y el comentario extemporáneo de Koldo García: «¡Jefe, te está llamando Nadia, la hija puta esa!». Este pasaje inicial no solo desvela un tono poco diplomático en el entorno del entonces ministro, sino que introduce una conversación en la que ambos miembros del Consejo de Ministros articulan una crítica frontal a la actuación de su socio de coalición.

«Esto es una broma. En un Gobierno hay que respetar la gestión de cada Ministerio», subraya Ábalos, quien se lamenta de que el grupo parlamentario de Unidas Podemos actúe como si estuviese en la oposición, proponiendo medidas que, en su opinión, vulneran la coherencia interna del Ejecutivo.

La propuesta en cuestión —prohibir los desahucios sin alternativa habitacional hasta 2022— había sido negociada previamente, pero su reproposición como enmienda pública generó malestar en el ala socialista. Calviño, por su parte, acusa a Pablo Iglesias de actuar por su cuenta: «Yo creo que está un poco desquiciado».

La coalición como campo de fricciones

Más allá del contenido específico de la conversación, el episodio revela un patrón ya observado en otros gobiernos de coalición: la coexistencia de agendas paralelas, incompatibles en forma, fondo o procedimiento. La gestión de lo que Ábalos llama "una política de Gobierno que excede la discrecionalidad del ministro de turno" deja en evidencia la falta de coordinación efectiva entre socios, y la ambigüedad sobre quién lidera qué áreas.

El término “autoenmienda” que utiliza Ábalos para describir la propuesta de Unidas Podemos evidencia un conflicto no sólo político, sino también metodológico: ¿puede un socio de Gobierno reabrir enmiendas previamente pactadas, sin erosionar la legitimidad del Ejecutivo?

El papel del relato frente a la realidad

Desde el inicio de la legislatura, el Ejecutivo ha buscado proyectar una imagen de solidez institucional y cohesión programática. Sin embargo, las grabaciones de 2020 ahora conocidas indican lo contrario. La afirmación de que el Gobierno hablaba “con una sola voz” se ve socavada por la existencia de estrategias internas que buscan neutralizar a socios mediante lo que Calviño denomina una “contraofensiva”.

La preocupación expresada por Ábalos sobre la “legalización de la okupación” no era nueva, pero el hecho de que no se expresara públicamente entonces, sino en una conversación confidencial, indica que la retórica del consenso se impuso sobre el reconocimiento de la disensión.

Este episodio, registrado por un asesor con historial ya comprometido y ahora investigado por corrupción, añade un nuevo capítulo a la crónica de un Gobierno estructuralmente frágil. No se trata de un simple error de comunicación. Tampoco de un exceso verbal. Lo revelado es más profundo: la evidencia de que las tensiones entre relato y realidad, entre discurso público y estrategia interna, son la norma y no la excepción.

Lo que queda expuesto es que la estabilidad del Ejecutivo no se basa únicamente en el número de escaños, sino en la capacidad de sus componentes para reconocer, canalizar y resolver sus divergencias sin socavar la confianza mutua ni la del electorado. En esta ocasión, esa capacidad quedó grabada —literalmente— en entredicho.

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