trama del psoe

Pedro Sánchez vuelve al Senado con evasivas, sarcasmo y cero respuestas

Del sarcasmo al desgaste: el presidente desplegó su repertorio para responder lo mínimo y desafiar el proceso parlamentario
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo'. / Eduard Parra
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo'. / Eduard Parra

Pedro Sánchez volvió al Senado tras más de 19 meses de ausencia, pero no lo hizo para responder, sino para resistir. El presidente del Gobierno compareció este jueves en la comisión de investigación del caso Koldo con una estrategia clara: evadir, dilatar, relativizar y deslegitimar. Y, si era necesario, mofarse.

Desde el primer minuto quedó claro que Sánchez no jugaba en casa. La mayoría absoluta del PP en la Cámara Alta marcó un terreno de juego incómodo. Por eso, cuando saludó con un irónico «es un placer para mí estar en el Senado», los senadores de la oposición respondieron con risas.

Sarcasmos, interrupciones y un presidente a la defensiva

El tono lo marcó pronto. A la primera pregunta de la senadora de UPN, María Caballero, el presidente comenzó su ronda de circunloquios y derivaciones al PP, extendiendo su tiempo sin responder. Fue el presidente de la comisión, Eloy Suárez, quien le llamó la atención:

«Señor Sánchez, la pregunta es muy concreta. Si usted abusa, me veré en la necesidad de extender el tiempo», advirtió el senador popular.

Lejos de corregirse, Sánchez replicó con sarcasmo: «Agradezco la imparcialidad del presidente. Es un sarcasmo.»

Más adelante, y tras varios roces, elevó el tono de desprecio institucional:«Esto es un circo», calificó la comisión de investigación.

Las respuestas que no llegaron

Entre gafas nuevas, frases memorizadas y un lenguaje técnico frío, Sánchez fue saltando de evasiva en evasiva. Reconoció, con medias palabras, haber recibido dinero en efectivo:

«Estoy convencido de que he podido liquidar gastos siempre con factura.»

Eso sí, «por importes anecdóticos, en absoluto superiores a 1.000 euros», subrayó, sabedor de que es el umbral que marca la Ley Antiblanqueo.

Pero cuando el senador de Vox, Ángel Pelayo Gordillo, le pidió precisar cuántas veces y cuánto dinero había recibido, Sánchez ya no fue capaz de contestar.

“No recuerdo. Fueron cifras absolutamente anecdóticas”, despachó.

Tampoco concretó su relación con el empresario Antxón Alonso, socio de Santos Cerdán:

“No lo conozco, que yo recuerde.”

Ni aclaró si su suegro financió su campaña de primarias:

“En absoluto.”

Ni mucho menos contestó si su esposa influyó en el rescate de Air Europa o si alguien de su entorno cobró comisiones:

“Bueno, bueno, usted se pregunta y usted se responde.”

El Peugeot, los compañeros y la burla

La escena más comentada fue su respuesta a la senadora Caballero sobre la ya célebre “banda del Peugeot”, que lo acompañó en 2017 durante su gira de primarias. Hoy, dos de ellos están imputados (Ábalos y Cerdán) y uno en prisión preventiva (Koldo).

Caballero:“¿Cuántos iban en el Peugeot?”

Sánchez:“¿De verdad me está preguntando eso? Pues depende del día. Me parece una pérdida de tiempo.”

Un remate que cristaliza la actitud del presidente durante toda la jornada: no ofrecer datos, sino ironías.

Negaciones parciales y verdades a medias

Del caso Carmen Pano, la empresaria que declaró haber llevado 90.000 € a Ferraz, Sánchez dijo:

“No le doy la más mínima credibilidad.”

De José Luis Ábalos, aseguró que era una persona “políticamente sólida”, pero que desconocía su vida personal.

Del rescate de Air Europa, no hubo una sola respuesta concreta. Sobre sobresueldos en el PSOE, defendió que “no existen”, y que los altos cargos aportan parte de sus sueldos al partido.

“Este Gobierno, junto con el de Zapatero, ha sido el más limpio y honesto de la democracia”, llegó a decir.

Una jornada que deja más sombras que claridad

La comisión, que debía servir para esclarecer los hechos relacionados con una presunta caja B, pagos en metálico y comisiones ilegales, ha dejado más preguntas que respuestas. Pero sí ha mostrado algo claro: el presidente se siente más cómodo en el ataque que en la rendición de cuentas.

Entre frases ambiguas, risas de desprecio y ataques velados a la oposición, Pedro Sánchez ha utilizado su presencia en el Senado no para colaborar, sino para controlar el relato.

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