Sánchez, sobre el acuerdo con Podemos

Los mensajes de Sánchez a Ábalos: «Parece un chollo para los okupas»

Los mensajes filtrados con Ábalos destapan cómo Pedro Sánchez insultaba a Iglesias, tildándolo de “cuñado” y “maltratador”, y cuestionaba su lealtad política.

Pedro Sánchez y los mensajes que retratan su desprecio a Iglesias
Pedro Sánchez y los mensajes que retratan su desprecio a Iglesias

La publicación por parte de El Mundo de una nueva tanda de mensajes filtrados entre Pedro Sánchez y Ábalos ha puesto al descubierto lo que hasta ahora se insinuaba: el presidente del Gobierno desconfiaba profundamente de Pablo Iglesias desde los primeros meses del Ejecutivo de coalición.

En esas conversaciones, Sánchez califica al entonces vicepresidente segundo como un “maltratador” político, critica su estilo como “cuñadismo” y se burla de su supuesta retirada con un «sujétame el cubata» tras anunciar que dejaría el Gobierno para concurrir en las elecciones madrileñas.

Deslealtades, filtraciones y puñaladas políticas

Los mensajes revelan que Sánchez consideraba a Iglesias un socio tóxico, que actuaba sin coordinación ni consenso, filtraba acuerdos prematuros y buscaba capitalizar políticamente cada medida social. «¡Qué torpe es Iglesias lanzando su vídeo en plena rueda de prensa!», le escribe el presidente a Ábalos el 22 de diciembre de 2020.

Especial malestar generó el decreto antidesahucios. «Conforme voy conociendo el acuerdo con UP, más me inquieta. Parece un chollo para la okupación y los grandes tenedores», escribió Sánchez tres días antes de su aprobación.

Ábalos responde con fidelidad: mantiene el tono institucional y cumple las instrucciones del presidente. Entre ambos queda clara la complicidad: Iglesias era un socio incómodo, imprevisible y desleal.

Una relación rota mucho antes de su ruptura oficial

Cuando Iglesias anuncia que deja el Gobierno, Sánchez reacciona con ironía y desprecio: «Va a intentar polarizar. Puede movilizar nuestra izquierda. Pero posiblemente sea su última aventura», escribe. Y añade: «Nunca es la última».

Lejos de mostrar sorpresa o empatía, el presidente interpreta la salida como un movimiento personalista, no institucional. Iglesias, dice Sánchez, está «quemado» y su marcha es celebrada incluso dentro de su propio partido.

El grado de desconfianza es tal que, incluso cuando Iglesias expresa públicamente afecto por Ábalos, Sánchez corta con frialdad: «Un maltratador. Cuñadismo». El exministro responde con Quevedo: «Pocas veces hay lisonja sin puñalada».

Las cicatrices de una coalición fracasada

El deterioro de la relación PSOE–Podemos se aceleró desde entonces. Hoy, Pablo Iglesias lidera una oposición dura desde fuera, y su partido se ha desvinculado del bloque de Sumar, dejando a Sánchez más dependiente que nunca de formaciones como ERC, Junts o Bildu.

Como dijo el portavoz de Podemos, Pablo Fernández, tras conocerse los mensajes: «Es inverosímil que Sánchez no supiera nada de los tejemanejes corruptos de Ábalos». Para Podemos, los mensajes solo confirman lo que ya sospechaban: la ruptura era política, emocional y personal.

Pero lo más grave para el Gobierno es que la ética del poder queda profundamente erosionada. Y, esta vez, no hay forma de disimularlo.

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