La historia detrás de los niños que cantan El Gordo de la Loteria
Los niños de San Ildefonso no solo cantan premios: entonan una tradición que nació hace más de 250 años
Cada 22 de diciembre, el Teatro Real de Madrid se convierte en el epicentro de la ilusión colectiva con la celebración del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad. En esta edición de 2025, el aumento a 198 series eleva el volumen de premios hasta los 2.772 millones de euros, reforzando un acontecimiento que trasciende lo económico para instalarse en el corazón de la tradición española.
En el centro de la escena, año tras año, están los niños de la Residencia San Ildefonso, cuyas voces cantadas anuncian la fortuna ante millones de espectadores. Pero ¿por qué son ellos quienes ponen sonido a la esperanza?
Un vínculo histórico con siglos de antigüedad
La relación entre la Residencia de San Ildefonso y la Lotería de Navidad hunde sus raíces mucho antes de que el sorteo adquiriera su formato actual. Fundada como un orfanato para niños desfavorecidos, la institución ya enviaba a sus alumnos por las calles de Madrid para entonar oraciones y cánticos a cambio de limosnas, una práctica habitual en siglos pasados.
El 9 de marzo de 1771, durante el reinado de Carlos III, se produjo el vínculo definitivo. Ese día, el alumno Diego López se convirtió en el primer niño en cantar los números de la entonces denominada Lotería Moderna. Desde ese momento, la imagen de la infancia quedó unida de forma inseparable a la idea de una fortuna compartida.
De tradición masculina a reflejo de la sociedad
Durante más de dos siglos, el canto de la Lotería fue una labor exclusivamente masculina. Sin embargo, en 1984 se produjo un hito histórico: Mónica Rodríguez se convirtió en la primera niña en cantar los premios, rompiendo una tradición secular y abriendo el sorteo a una nueva etapa.
Desde entonces, la presencia femenina no solo transformó el tono del evento, sino que también enriqueció su estética y simbolismo. Hoy, la composición del alumnado de San Ildefonso refleja la diversidad cultural y social de España, consolidando una tradición que ha sabido evolucionar sin perder su esencia.
Nada queda al azar: meses de preparación
Aunque pueda parecer espontáneo, el canto de los números es el resultado de una preparación exhaustiva. Durante meses, los niños reciben formación específica en vocalización, entonación, ritmo y resistencia vocal, un entrenamiento imprescindible para mantener la claridad y la constancia durante las largas horas que dura el sorteo.
Cada número, cada premio y cada repetición exige precisión. La cadencia casi hipnótica con la que se entonan las cifras se ha convertido en una seña de identidad reconocible en cualquier hogar español.
Cuando la emoción supera a las cifras
Hay instantes que quedan grabados en la memoria colectiva. Uno de los más esperados es el momento en que se canta «El Gordo», cuando las manos infantiles extraen una bola que puede cambiar miles de vidas. A veces, la emoción quiebra la voz de uno de los niños, y ese instante, captado por cámaras y aplausos, trasciende el valor del premio.
En ese preciso momento, la Lotería deja de ser solo un reparto de cifras millonarias y se convierte en un acto profundamente humano, donde tradición, ilusión y emoción confluyen ante los ojos de todo un país.
San Ildefonso, símbolo de una Navidad compartida
Más allá del dinero, el canto de los niños de San Ildefonso representa una de las imágenes más poderosas de la Navidad española. Una tradición que recuerda que, incluso en un sorteo dominado por números, estadísticas y probabilidades, sigue habiendo espacio para la emoción, la inocencia y la memoria colectiva.