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Feijóo exige la dimisión de Sánchez en el Congreso: “Diga la verdad por una vez y váyase, nadie le echará de menos”

El líder del PP exige elecciones ante la opacidad del presidente sobre el rescate de Air Europa y las últimas revelaciones sobre sus vínculos con José Luis Ábalos

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, durante una sesión en el Congreso. / EP
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, durante una sesión en el Congreso. / EP

A las 9:00 de la mañana, con puntualidad reglamentaria, el Congreso de los Diputados abría una de sus sesiones de control al Gobierno más cargadas de tensión política en lo que va de legislatura. A las puertas del Hemiciclo ya no había expectación, sino una certeza compartida: el duelo entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo ya no es un simple ejercicio parlamentario. Es una batalla abierta por el relato, el poder y la legitimidad democrática.

Lo que debía ser un formato institucional previsible, se transformó rápidamente en una acusación directa, una respuesta evasiva, y una conclusión devastadora para la imagen de un presidente que evita responder mientras se refugia en la consigna y en la denuncia del “bulo” y la “judicialización”.

El detonante: Air Europa y el círculo de Ábalos

Todo comenzó con una pregunta de apariencia sencilla, pero cargada de dinamita política: ¿Qué papel jugó el Gobierno en el rescate público de Air Europa y hasta qué punto Begoña Gómez, esposa del presidente, intervino de forma directa o indirecta en la operación?

En el centro del escándalo está la filtración de mensajes entre Pedro Sánchez y su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, publicados por varios medios. Los mensajes apuntan no solo a un trato privilegiado, sino a una dinámica de connivencia, blindaje y pactos tácitos entre quienes, hasta hace poco, formaban el núcleo duro de La Moncloa.

Le doy una oportunidad: diga la verdad por una vez y actúe con la dignidad que merece la nación”, exigió Feijóo. “¡Váyase! Siga echando de menos al señor Ábalos, porque nadie le echará de menos a usted”.

La acusación no fue sólo personal: era institucional. El líder del PP transformó una cuestión concreta en una radiografía completa de la situación política: “Usted ha perdido la autoridad, ha perdido la mayoría y ha perdido el respeto de sus socios. Lo único que no ha perdido es el sillón”.

Pedro Sánchez, que ya había ensayado la respuesta el día anterior con sus portavoces Pilar Alegría y Patxi López, optó por no responder a nada y atacar a todo. No hubo mención directa a Air Europa. No hubo aclaración sobre Begoña Gómez. Tampoco una palabra concreta sobre Ábalos.

En su lugar, el presidente acusó al PP de “llevar siete años con la misma estrategia”, de “judicializar la vida política”, de “extender bulos” y de “pretender ganar por agotamiento”.

Lo que ustedes practican es casquería política. Nosotros, mientras tanto, seguimos gobernando y mejorando la vida de los españoles”, defendió.

Sánchez fue más lejos aún, cruzando una línea que revela la preocupación del Ejecutivo: acusó a quienes han filtrado sus mensajes con Ábalos de haber cometido un delito, algo que, de confirmarse, podría conducir a una nueva espiral institucional si el Gobierno decide perseguir judicialmente a periodistas o fuentes protegidas.

La réplica: “Usted acusa a la UCO porque le da miedo su pasado”

Feijóo no bajó el tono. Tampoco buscó el diálogo. Elevó la crítica a una dimensión más simbólica: “Tiene miedo de su pasado. Y por eso se atreve a insinuar que es la Guardia Civil la que está detrás de las filtraciones. Eso es inadmisible. Es gravísimo. Eso lo hacen los líderes autoritarios. No los demócratas”.

Y continuó: “Ha permitido que se insulte a presidentes autonómicos, que se tolere un vicepresidente con denuncias, que se humille a una ministra. ¿Y nos habla de ética?”.

El líder popular cerró con una advertencia al PSOE: “Esto no es una guerra cultural, señor presidente. Es una cuestión de decencia pública. Y ustedes ya han cruzado demasiadas líneas”.

La estrategia de Moncloa: victimismo, agitación y distracción

La línea argumental del Gobierno quedó clara: no hay autocrítica, no hay rectificación. En su lugar, hay acusaciones a los medios, a la oposición, a las Fuerzas de Seguridad y, sobre todo, a la Justicia. Moncloa ya no se presenta como el poder institucional, sino como el blanco de una conspiración constante.

Pero hay síntomas de desgaste. El propio Sánchez, en un intento de restar importancia al Congreso Nacional del PP previsto para julio, lanzó una frase que buscaba el golpe irónico:

Usted comparó su congreso con el cónclave del Vaticano. Ándese con ojo, porque uno entra Papa y sale cardenal”.

Sin embargo, la frase sonó más a desdén que a liderazgo. Las risas del banco socialista no disimularon el nerviosismo ante un hemiciclo cada vez más escéptico con el presidente.

Lo que en otra época habría sido un enfrentamiento parlamentario más, hoy se vive como un síntoma del agotamiento político del modelo sanchista. El Gobierno no ha logrado aprobar unos nuevos presupuestos, ha perdido el apoyo de Sumar en cuestiones clave como la Defensa, y tiene múltiples frentes judiciales abiertos:

  • Begoña Gómez está imputada por tráfico de influencias.

  • David Sánchez, hermano del presidente, ha sido procesado.

  • El fiscal general del Estado ha sido cuestionado por filtración de mensajes.

  • El caso Ábalos sigue expandiéndose.

En este contexto, la sesión de control no fue solo un ejercicio democrático. Fue una fotografía de la crisis institucional que atraviesa el poder ejecutivo.

Los analistas comienzan a hablar, con cada vez menos cautela, de fin de ciclo sanchista. La resistencia ya no se justifica por la acción de gobierno, sino por la lógica del aguante, sin rumbo parlamentario y con una opinión pública que empieza a mirar hacia otras alternativas.

Nadie le echará de menos, señor Sánchez”, dijo Feijóo. Una frase que busca calar más allá del Congreso. Que busca entrar en los hogares. Y que pretende abrir una puerta política: la de unas elecciones anticipadas.

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