La empresa de las nuevas balizas V16: sin empleados, con deudas y controlada desde Países Bajos
En medio de la implementación de la nueva normativa de seguridad vial que obliga a todos los conductores en España a sustituir los triángulos de emergencia por las balizas luminosas V16 conectadas, el Ministerio del Interior, encabezado por Fernando Grande-Marlaska, ha adjudicado un contrato público millonario a una empresa que apenas cuenta con personal propio, que opera bajo una matriz domiciliada en los Países Bajos y que, además, ha sido objeto de embargos y procedimientos administrativos por parte de la Inspección de Trabajo.
La empresa en cuestión es Blu Castle Iberia SL, adjudicataria del expediente M/0015/A/25/2 por un importe total de 749.776,5 euros (IVA incluido), para el suministro de 17.000 balizas V16 conectadas a distintas unidades de la Guardia Civil.
Una adjudicación con interrogantes
La contratación de Blu Castle Iberia SL no ha pasado desapercibida. A pesar de que la empresa no ofrecía el precio más competitivo, fue finalmente seleccionada. Según ha podido confirmar THE OBJECTIVE, esta sociedad fue constituida originalmente en 2012 bajo el nombre de Agrupados Nectar 6 SL, y estaba orientada a la promoción inmobiliaria. Solo tres meses después cambió su denominación actual y reorientó su actividad a la distribución de productos tecnológicos, entre ellos las balizas de emergencia.
Actualmente, Blu Castle Iberia SL figura como una filial íntegramente participada por la matriz Blu Castle SA, domiciliada en Países Bajos, un país que ofrece un marco fiscal notablemente más favorable para empresas internacionales. Esta estructura transnacional ha encendido las alarmas entre expertos en contratación pública y fiscalidad por la opacidad que puede generar en la trazabilidad de los fondos públicos.
Un administrador vinculado a paraísos fiscales
La figura del administrador único de Blu Castle Iberia SL también despierta controversia. Se trata del ciudadano francés Harold Charles Christian Fitch, nacido en 1971, cuyo nombre aparece en los Papeles de Panamá como accionista de Galadreil International Ltd, una sociedad radicada en las Islas Vírgenes Británicas entre 2009 y 2015. Aunque su presencia en estas filtraciones no constituye por sí misma una ilegalidad, sí lo sitúa dentro de un entramado de estructuras offshore utilizadas históricamente para canalizar fondos, minimizar impuestos o disimular el control real sobre activos.
Antes de tomar las riendas de Blu Castle, Fitch ejerció como director de Comtrend UK Limited, una compañía tecnológica con sede en Reino Unido, hasta su salida en 2011. Desde entonces, su trayectoria ha permanecido en buena parte alejada del foco mediático hasta la adjudicación de este contrato con el Ministerio del Interior.
¿Quién controla realmente Blu Castle?
En el Registro Mercantil español, Blu Castle Iberia figura con sede en un modesto bajo de la calle Sancho Dávila 11 de Madrid, inmueble que comparte con una gestoría y varias sociedades sin relación aparente entre sí. En su página web, sin embargo, Blu Castle promociona otra dirección diferente, en la Avenida de la Victoria 25, sin que haya constancia de un cambio de domicilio oficial, lo que añade un nivel adicional de opacidad sobre su localización y estructura física.
Además, la empresa cuenta con dos apoderados de nacionalidad china, con poderes amplios de representación. Este detalle refuerza la hipótesis de que buena parte de la producción y logística de las balizas podría estar externalizada en Asia, una práctica habitual en el sector tecnológico pero que también implica dificultades adicionales para garantizar la supervisión, calidad y trazabilidad de los dispositivos adquiridos con dinero público.
Embargos, deudas y antecedentes administrativos
El pasado empresarial de Blu Castle Iberia SL no está exento de sombras. En octubre de 2022, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social publicó en el Boletín Oficial del Estado una notificación de acta de liquidación contra la empresa, un procedimiento que suele estar vinculado a deudas o irregularidades con la Seguridad Social o Hacienda. El anuncio obligaba a la firma a comparecer para conocer el contenido íntegro del expediente, lo que evidencia que ya entonces arrastraba problemas administrativos o financieros de cierta entidad.
El negocio de las balizas conectadas: millonario y estratégico
La nueva normativa de la Dirección General de Tráfico (DGT), que entró en vigor el 1 de enero de 2026, ha generado un auténtico boom comercial y administrativo. Los conductores están obligados a adquirir balizas V16 con conexión a la red DGT 3.0, una tecnología pensada para mejorar la seguridad en carretera pero que ha abierto un mercado millonario con pocas empresas autorizadas, precios dispares y múltiples adjudicaciones públicas “a dedo”.
La baliza Helios V16, promovida por Blu Castle, ha sido homologada por la DGT y se presenta como compatible con los requisitos técnicos del reglamento. Sin embargo, el modelo de negocio que rodea a este dispositivo ha sido criticado por su falta de competencia real, así como por la concentración de adjudicaciones en empresas de dudosa solvencia, algunas de ellas fantasma, y otras con escasa estructura en España.
¿Un caso de ingeniería fiscal legal pero cuestionable?
Expertos en contratación pública consultados por THE OBJECTIVE sostienen que la estructura de Blu Castle —con matriz en Países Bajos y filial con mínima actividad en España— puede responder a una estrategia de optimización fiscal, legal pero cuestionable cuando se trata de recursos públicos.
“El hecho de que una sociedad esté formalmente registrada en la Unión Europea no implica necesariamente que esté sometida a las mismas obligaciones de control fiscal que una empresa local, especialmente si la matriz opera desde una jurisdicción como Países Bajos”, apunta un inspector de Hacienda en condición de anonimato.
Además, el uso de una sociedad con pasado inmobiliario reconvertida en tecnológica, la falta de transparencia sobre su localización real, y los vínculos de su administrador con jurisdicciones offshore, plantean dudas sobre si Blu Castle Iberia era realmente la mejor opción para una compra pública de esta magnitud y trascendencia.