día de la mujer

El 8-M de la izquierda: hipocresía, contradicciones y una credibilidad en ruinas

La izquierda ha convertido el 8-M en una herramienta política, alejándose de las mujeres reales y de los problemas que realmente enfrentan

La presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño; la mujer del presidente del Gobierno de España, Begoña Gómez; y la ministra de Hacienda María Jesús Montero, durante una manifestación convocada por la Comisión 8M. /  Alberto Ortega / Archivo
La presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño; la mujer del presidente del Gobierno de España, Begoña Gómez; y la ministra de Hacienda María Jesús Montero, durante una manifestación convocada por la Comisión 8M. / Alberto Ortega / Archivo

El 8 de marzo, una fecha que la izquierda ha pretendido monopolizar como suya, llega este año cargado de contradicciones, incoherencias y, sobre todo, de una brecha cada vez más evidente entre su discurso y su práctica real.

Desde mujeres que ascienden por la influencia de sus maridos hasta políticos progresistas que contratan prostitutas mientras claman por la abolición de la prostitución, la izquierda española afronta su 8-M más incómodo. A esto se suman escándalos sexuales encubiertos, leyes fallidas que han beneficiado a violadores, y un uso ideológico del feminismo que ha distorsionado la lucha por la igualdad.

Un feminismo que, en su versión actual, no solo ha perdido credibilidad, sino que se ha convertido en un instrumento de poder, alejado de las mujeres reales y de sus problemas cotidianos.

Begoña Gómez e Irene Montero: la sombra del nepotismo

En un movimiento que traiciona el propio concepto de meritocracia, dos de las figuras más visibles del feminismo de izquierda, Begoña Gómez e Irene Montero, han construido su carrera bajo el amparo de sus parejas políticas.

Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, ha sido objeto de controversia por su meteórico ascenso académico y empresarial, con cargos y reconocimientos que parecen más vinculados a la influencia de su marido que a su trayectoria profesional.

Irene Montero, por su parte, pasó de ser pareja sentimental de Pablo Iglesias a ministra de Igualdad, un ministerio que, bajo su gestión, ha protagonizado uno de los mayores fracasos legislativos en la historia del feminismo español.

El escándalo de la prostitución: el doble rasero del PSOE

La hipocresía del PSOE respecto a la prostitución es un ejemplo paradigmático de su incoherencia. Mientras se han presentado como abanderados de su abolición, varios de sus dirigentes han sido descubiertos contratando prostitutas y utilizando fondos públicos para ello.

Casos como el de José Luis Ábalos, que pagó con dinero público a una escort a la que luego colocó en la empresa pública Ineco, o el de Fernando Villén, exdirector de la FAFFE, que gastó miles de euros en burdeles con una tarjeta de la Junta de Andalucía, dejan en evidencia la falta de principios de un partido que predica la moralidad pública mientras en privado hace exactamente lo contrario.

Más allá de nuestras fronteras, las sombras de Ábalos se extienden hasta Perú, donde según EL DEBATE, su ONG Fiadelso estuvo vinculada a escándalos con prostitutas, una acusación que refuerza el patrón de conducta de un dirigente que ha hecho del abuso de poder una forma de vida.

El desastre de la ley del 'solo sí es sí'

Si hay un ejemplo claro de cómo la ideología puede imponerse al sentido común, es la ley del 'solo sí es sí'. La norma impulsada por el Ministerio de Igualdad no solo no protegió mejor a las mujeres, sino que benefició a más de 2.000 agresores sexuales y permitió la excarcelación de 121 de ellos.

El empeño de Irene Montero y la complacencia de Pedro Sánchez llevaron al Gobierno a ignorar las advertencias de los órganos consultivos del Estado, lo que provocó un retroceso sin precedentes en la lucha contra la violencia sexual.

Hoy, el PSOE trata de distanciarse de aquella ley, pero las víctimas que vieron salir a sus agresores de la cárcel saben perfectamente quiénes son los responsables.

Errejón y Monedero: cuando la izquierda protege a los suyos

El feminismo de izquierdas se ha definido por una consigna: "hermana, yo sí te creo". Sin embargo, cuando los acusados de agresión sexual son miembros de su propia familia política, la reacción ha sido diametralmente opuesta.

Tanto Íñigo Errejón como Juan Carlos Monedero, fundadores de Podemos, han sido acusados de violencia sexual. Y sin embargo, sus partidos han actuado con una opacidad alarmante:

  • Podemos apartó a Errejón, pero solo cuando la presión mediática lo hizo inevitable.
  • Monedero, en cambio, fue protegido hasta que la Universidad Complutense lo apartó de las clases.

La conclusión es clara: cuando el agresor es de izquierdas, la reacción es lenta y encubridora.

El feminismo de Yolanda Díaz: superficialidad y egocentrismo

El feminismo impostado de Yolanda Díaz se refleja en su obsesión por el postureo y la corrección política, incluso cuando cae en el ridículo. Su afirmación de que "solo las mujeres pueden llamar guapo a un hombre", mientras denuncia de "machista" a un periodista por decirle lo mismo a ella, es un reflejo del nivel al que ha llegado el debate.

Más que una lucha por la igualdad real, su feminismo es un espectáculo vacío de contenido, diseñado para acaparar titulares más que para generar cambios reales.

La gran mentira de la izquierda: ni más seguridad ni menos asesinatos

A pesar de manejar presupuestos astronómicos en materia de igualdad —más de 2.130 millones de euros en los últimos cuatro años—, los datos muestran una realidad incómoda para el Gobierno:

  • Los asesinatos de mujeres no han descendido de forma significativa en los últimos seis años.
  • Durante el Gobierno de Rajoy (2012-2017) se registraron 319 asesinatos de mujeres.
  • En el Gobierno de Sánchez (2019-2024) la cifra es de 313 asesinatos.

Esto demuestra que el dinero no está resolviendo el problema, sino que está alimentando una industria burocrática e ideologizada, que gasta millones sin resultados tangibles.

El feminismo de la izquierda ha dejado de ser una lucha real por la igualdad para convertirse en una herramienta de control ideológico y político. Mientras las mujeres reales siguen enfrentando desafíos estructurales, la izquierda se enreda en discursos sobre cuotas, lenguaje inclusivo y victimismo institucional.

Lo que hoy enfrentamos no es un feminismo que empodera, sino un feminismo que divide. Un feminismo basado en la ideología, no en la realidad.

Mientras tanto, mujeres que han alcanzado el éxito por méritos propios deben compartir su espacio con quienes están ahí solo por cumplir una cuota. Mientras tanto, agresores sexuales reciben beneficios penitenciarios mientras se jalea a quienes impulsaron la ley que los liberó.

Y mientras tanto, el 8-M sigue siendo usado como una plataforma política, en lugar de un día para la reivindicación sincera de los derechos de todas las mujeres

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