El 15-M ha muerto en Castilla y León: Podemos y Sumar desaparecen
Las elecciones autonómicas confirman el retroceso del espacio político surgido tras las protestas de 2011, que se queda fuera del Parlamento autonómico mientras PP, PSOE y Vox concentran el voto.
Las elecciones autonómicas de Castilla y León han dejado un dato político significativo: Podemos y Sumar no han logrado representación en las Cortes autonómicas. El resultado confirma el retroceso del espacio político surgido tras el movimiento 15-M, que irrumpió en la política española hace más de una década con un discurso de renovación institucional y crítica a los partidos tradicionales.
Con el 98% del escrutinio, el Parlamento autonómico queda dominado por tres grandes fuerzas: PP, PSOE y Vox, mientras que el resto de formaciones con representación se limitan a partidos de carácter territorial como UPL, Por Ávila o Soria Ya.
La ausencia de Podemos y Sumar contrasta con el impacto político que el movimiento de los indignados tuvo tras las protestas de mayo de 2011. Aquellas movilizaciones dieron lugar años después a la irrupción de nuevos partidos que llegaron a tener un peso decisivo en el panorama político nacional.
El desgaste del ciclo político del 15-M
Quince años después de aquellas protestas, el escenario político parece haber cambiado. Las elecciones autonómicas en Castilla y León reflejan un desgaste del ciclo político abierto por el 15-M, con un electorado que ha reorientado su voto hacia los partidos tradicionales o hacia nuevas formaciones de carácter territorial.
La fragmentación inicial del espacio político surgido tras las protestas y las divisiones internas entre las distintas formaciones han contribuido también a la pérdida de apoyo electoral en algunos territorios.
Un cambio en el mapa político
El resultado electoral consolida un mapa político dominado por tres grandes partidos, mientras que las formaciones nacidas al calor del 15-M pierden presencia institucional en la comunidad.
La desaparición de Podemos y Sumar del Parlamento autonómico se interpreta en clave política como una señal del cierre de un ciclo iniciado tras la crisis económica y las movilizaciones sociales de comienzos de la década de 2010.