Sánchez se guarda su carta final: 10.500 millones para controlar empresas desde Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado por sorpresa la creación de un fondo soberano estatal con el que pretende intervenir en la economía española y tomar posiciones en empresas estratégicas antes del final de la legislatura. El anuncio, realizado durante su intervención en el Spain Investors Day, ha generado inquietud entre empresarios e inversores, que ven en esta iniciativa un nuevo instrumento de control político sobre el tejido empresarial, según revela VozPopuli.
Bautizado como «España Crece», el nuevo vehículo de inversión nace, por ahora, sin desarrollo normativo ni concreción operativa, pero con una filosofía clara: extender la capacidad del Estado para influir en compañías privadas más allá de 2026, si el Ejecutivo logra resistir hasta el final del mandato.
Un fondo soberano inédito en España
La propuesta supone un hecho inédito en España, que carece hasta ahora de un fondo soberano al estilo de los existentes en Noruega, Qatar o Arabia Saudí. Sánchez fue explícito al utilizar esa denominación, una etiqueta cargada de significado económico y político, ya que este tipo de fondos no solo financian proyectos, sino que entran directamente en el capital de las empresas.
Según explicó el presidente, el fondo contará con una dotación inicial de 10.500 millones de euros, procedentes de los remanentes no ejecutados de los fondos Next Generation, cuya vigencia expira en agosto. Es decir, dinero europeo que no se ha podido gastar y que ahora el Gobierno quiere reutilizar para poner en marcha este nuevo instrumento.
El objetivo declarado es que España Crece alcance en el futuro hasta 120.000 millones de euros, combinando aportaciones públicas y privadas. La gestión financiera recaerá en el Instituto de Crédito Oficial (ICO), un organismo plenamente controlado por el Estado.
Sectores estratégicos bajo el radar
Sánchez citó como posibles destinatarios del fondo sectores como la energía, la vivienda o las infraestructuras, un planteamiento que recuerda al de los fondos europeos. Sin embargo, el matiz diferencial es decisivo: el fondo soberano permitiría al Gobierno convertirse en accionista, no solo en financiador.
Este enfoque ha encendido las alarmas en el sector privado, especialmente a la vista de los precedentes recientes. En los últimos meses, el Ejecutivo ha dejado claro su interés por controlar empresas clave mediante la participación del Estado:
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Indra, donde la SEPI reforzó su peso accionarial y provocó un vuelco en el consejo de administración.
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Telefónica, donde el Estado regresó al capital con la compra del 10 % de las acciones, situando como presidente a Marc Murtra, un directivo de confianza de Moncloa.
La creación de un fondo soberano amplía exponencialmente esa capacidad de intervención.
Temor empresarial a una expansión del control estatal
La utilización explícita del término «soberano» no es casual. Para los inversores, implica la posibilidad de que el Gobierno se cuele en el capital de más compañías antes de que Sánchez abandone la Moncloa. La previsión oficial es que el fondo esté plenamente operativo en 2027, pero su diseño y puesta en marcha comenzarán ya en esta recta final de la legislatura.
El anuncio ha provocado desconcierto y preocupación en los mercados, no tanto por la existencia de un fondo de inversión estatal —una figura defendida incluso por algunos economistas— como por el contexto político y la forma improvisada del anuncio.
Una propuesta sin debate previo
El propio Juan María Nin, presidente del Círculo de Empresarios, había defendido días antes la conveniencia de crear un fondo soberano para mejorar la productividad y el tamaño de las empresas españolas. Sin embargo, su planteamiento iba acompañado de una advertencia clave: la necesidad de un debate profundo y la implicación directa del sector privado.
Ese debate no ha existido. El anuncio de Sánchez se ha hecho sin consenso, sin hoja de ruta clara y sin participación previa de los grandes actores empresariales, pese a que en el foro estaban presentes gigantes financieros como BlackRock.
Un mensaje triunfalista frente a un clima de incertidumbre
El presidente del Gobierno cerró su intervención con un mensaje marcadamente optimista. Aseguró que España es «un valor refugio» y que aquí «no se van a encontrar inseguridad jurídica», en un mundo cada vez más turbulento. Palabras que contrastan con el clima político y judicial que atraviesa el país y con la creciente preocupación empresarial por la expansión del poder del Estado en la economía.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el propio Sánchez han anunciado que darán más detalles el próximo lunes. Hasta entonces, España Crece es poco más que un nombre, una cifra inicial y una intención política clara: ampliar el control público sobre empresas estratégicas antes de que termine la legislatura.