27.11.2021 |
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Reforma Laboral: ni vencedores ni vencidos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. Jorge Armestar / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. Jorge Armestar / Europa Press
Reforma Laboral: ni vencedores ni vencidos
La conclusión  a la que se llega tras la reunión entre Pedro Sánchez, Nadia Calviño y Yolanda Díaz,  a la que Sánchez incorporó a los ministros de Trabajo, Portavoz y Educación, es que la utilización correcta del lenguaje es fundamental, porque siempre encuentra recursos para dar la razón a todas las partes … o a ninguna.

La reunión ha terminado sin vencedores ni vencidos,  que es lo que buscaba el presidente de gobierno, al que le venían  muy mal las diferencias de criterio entre su vicepresidente primera y su vicepresidenta segunda. Yolanda Díaz se apunta un tanto:  la parte socialista del gobierno ha asumido la palabra “derogación”, incluso la ha pronunciado la ministra portavoz. Le costó, pero acabó haciéndolo. También se apunta un tanto Nadie Calviño, que ha tragado bastantes sapos estas semanas  en las que Díaz ha desplegado las dotes de inteligente comunicadora  que la han lanzado al estrellato. Se ha apuntado un tanto Calviño porque a buen entendedor,  cuando el gobierno dice que la reforma se hará “con acuerdo de todas las partes” advierte que esto no va de lo que compadree Yolanda Díaz con  Unai Sordo y Pepe Álvarez, sino que en las negociaciones sobre la reforma laboral hay que contar con la CEOE.  Y Antonio Garamendi es de los que  pelea hasta la extenuación.

Ya ha enseñado los dientes  con  iniciativas que pueden provocar problemas al gobierno de Sánchez: además de contar con una oficina abierta en Bruselas, él mismo se ha dedicado a explicar a miembros de la Comisión qué significa para el empresariado  español la derogación de la reforma laboral del 2012, con unas  consecuencias letales  no solo para la creación de empleo sino para mantener el empleo actual.  Si a eso sumamos que  la Comisión  ha dato varios toques a Pedro Sánchez sobre  la derogación de la ley de Rajoy, que el comisario Gentiloni  le trasladó hace unos días a Pedro Sánchez su inquietud por las pretensiones de Yolanda  Díaz, y que  Gentiloni forma parte  de la institución con más vela en este entierro, la Comisión Europea, porque de ella depende que nos lleguen los fondos de recuperación que son indispensables para todo,  entonces el escrito con el que el gobierno resume el contenido del encuentro de Moncloa es papel mojado.

Si a Bruselas no acepta  la derogación, a Pedro Sánchez no le salen las cuentas de los Presupuestos aunque los apruebe el Parlamento, y difícilmente llegará al final de la legislatura si no puede cumplir sus compromisos.  Porque le votarán no los que le votaron sí a cambio de prebendas y dinero, y porque  si no aprueba cuestiones  sociales que son fundamentales para la supervivencia de Podemos,  puede encontrarse con que Yolanda Díaz  le plante cara y rompa la coalición.

Así que el resultado del encuentro de este martes en  Moncloa  acaba como empezó:  con  batalla entre las vicepresidentas para llevarse el gato al agua.

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