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La inversión en ADIF Alta Velocidad cae un 30% desde 2021 pese al caos ferroviario

El AVE atraviesa su peor momento: menos inversión, más averías y una red tensionada. La caída de los fondos europeos y la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado dejan en jaque el futuro del transporte ferroviario de alta velocidad en España

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. / EP
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. / EP

La inversión en ADIF Alta Velocidad se ha desplomado un 30% desde 2021, el año álgido del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, impulsado con fondos europeos Next Generation. En 2024, solo se invirtieron 1.781 millones de euros, frente a los 2.583 millones registrados al comienzo del plan, según datos analizados y publicados por THE OBJECTIVE. Una caída especialmente alarmante en un contexto de constantes fallos técnicos y caos operativo en las líneas del AVE.

La diferencia no es menor: 762 millones de euros menos en apenas tres años. Y el dato es más inquietante si se considera el origen del dinero: en 2021, la mitad de la inversión procedía de fondos europeos (1.284 millones), mientras que en 2024 solo se han recibido 16,7 millones del mismo programa. El grueso de la inversión actual, 1.764 millones, proviene de los recursos propios de ADIF, financiados mayoritariamente con cargo a los Presupuestos Generales del Estado (PGE), que están prorrogados por segundo año consecutivo, lo que complica aún más cualquier impulso estructural.

Una red al límite: 12.000 incidencias y escaso mantenimiento

En paralelo a esta reducción de inversión, la infraestructura ferroviaria de alta velocidad ha registrado 12.000 incidencias solo en 2024, un número similar al del año anterior, pero con un mayor impacto público y operativo. El caos reciente en la línea Madrid-Andalucía, con parones superiores a una hora y decenas de trenes afectados, ha puesto en jaque la credibilidad del operador público.

De todas las incidencias, solo 296 estuvieron relacionadas con robos o sabotajes —como el ocurrido el pasado 4 de mayo, que afectó a 12.000 pasajeros—, lo que desmonta el argumento del Ministro de Transportes, Óscar Puente, que había atribuido a actos delictivos la mayoría de los problemas. La mayoría de las averías se deben, en realidad, a un mantenimiento deficiente de las vías.

ADIF gasta más en salarios (716 millones) que en conservar las vías (580 millones), según sus propias cuentas. Una cifra que pone en entredicho la sostenibilidad técnica del servicio a largo plazo.

Fondos europeos: fuerte en 2021, casi inexistentes en 2024

El Plan de Recuperación disparó las inversiones entre 2021 y 2022, con un total de 1.915 millones provenientes del programa Next Generation, que cubrían proyectos de digitalización, sostenibilidad y renovación de infraestructuras ferroviarias. Sin embargo, la configuración del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia preveía una concentración de los desembolsos en los primeros ejercicios, dejando a 2023 y 2024 con partidas marginales.

Los datos son claros:

  • 2021: 1.284 millones de fondos UE.

  • 2022: 630,8 millones.

  • 2023: 239 millones.

  • 2024: solo 17 millones, destinados a redes 5G, no a vías.

  • 2025 (previsión): 239 millones, pero por prórroga técnica, no por nuevos proyectos.

¿Qué pasará ahora? Más gasto público, pero sin infraestructuras nuevas

Con los Presupuestos Generales del Estado prorrogados, las cifras del ejercicio 2025 están congeladas. Solo 341 millones de euros adicionales se han consignado para alta velocidad, y todo apunta a que irán destinados al mantenimiento, no a nuevas líneas o infraestructuras estratégicas.

En total, ADIF Alta Velocidad recibió 2.092 millones de euros del Plan de Recuperación hasta febrero de este año. De ellos, 1.657 millones se destinaron a movilidad sostenible y 435 millones al entorno urbano y metropolitano, según la plataforma estatal ELISA. Pero la falta de continuidad presupuestaria y la escasez de nuevos fondos europeos augura un estancamiento estructural, especialmente si las partidas previstas no se ejecutan completamente.


Conclusión: un modelo en entredicho

La situación de ADIF Alta Velocidad pone en evidencia una falla crítica en el modelo de financiación pública de las infraestructuras: se ha confiado en exceso en fondos extraordinarios europeos sin establecer una estrategia nacional sostenible para garantizar el mantenimiento de una red que es clave para la movilidad del siglo XXI.

El retraso de los trenes, el desgaste político del Gobierno por la gestión del transporte y la falta de inversiones reales amenazan con convertir el AVE en una red de alta velocidad con estándares de servicio de baja calidad. Y lo más preocupante: sin un plan de choque financiero a corto plazo, los fallos seguirán acumulándose, y con ellos la pérdida de confianza de los usuarios.

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