ECONOMÍA

¿Hacia el fin del Imserso? El programa estrella del bienestar se desmorona

De símbolo de dignidad para nuestros mayores a fuente de frustración: el programa de viajes del Imserso se tambalea
El Imserso acumula quejas, se encarece, reduce días y pierde el respaldo del sector hotelero.  / EP
El Imserso acumula quejas, se encarece, reduce días y pierde el respaldo del sector hotelero. / EP

El Imserso ya no es lo que era. Lo que antaño representaba un emblema del Estado del bienestar español, hoy se ha convertido en una fuente de frustración tanto para los usuarios como para el sector hotelero. El programa de viajes subvencionados para mayores, en su edición 2025/26, incrementa sus precios hasta un 35% respecto a hace una década, al tiempo que reduce la duración de las estancias.

En 2015, un viaje a Canarias con transporte durante 10 días costaba 387,44 euros. En 2025, ese mismo viaje asciende a 564,72 euros. Casi 200 euros más por el mismo servicio y menor duración. El viaje más barato disponible actualmente, cuatro días en una capital de provincia, cuesta 132,91 euros, frente a los 110 euros que costaba hace diez años.

Más revelador aún es el caso del viaje a la Costa Peninsular: en 2015 se ofrecían 15 días y 14 noches por 308,24 euros. Ahora, por 309,22 euros, se ofrecen solo 10 días y 9 noches.

El deterioro de la oferta y el hartazgo silencioso

“Los números no mienten, pero los gobiernos a menudo los maquillan”, decía el economista John Kenneth Galbraith. Las cifras del Imserso 2025 no precisan maquillaje para reflejar una caída en calidad, duración y opciones disponibles.

La oferta del programa ha sido recortada, con desaparición de estancias largas a Canarias (ya no hay opciones de 15 días), y homogeneización forzosa: ya no existen viajes culturales de cinco o siete días; todos han sido limitados a seis. Las escapadas de tres días a capitales de provincia, antaño muy demandadas, también han desaparecido.

La propia directora del programa, Mayte Sancho, admitió en verano de 2024 que la calidad de los servicios había mermado. Las quejas de los beneficiarios fueron constantes: comida deficiente, limpieza cuestionable, infraestructuras obsoletas y, sobre todo, trato indigno para quienes han sostenido el país durante décadas.

La rebelión de los hoteleros: “Esto es inviable”

No solo los viajeros están descontentos. El sector turístico —y especialmente el hotelero— se muestra cada vez más reacio a participar en el programa, que exige prestaciones de cuatro estrellas a precios de hostal.

"El Imserso se ha quedado desfasado en precios y en planteamiento", denuncian desde varias asociaciones hoteleras. Muchos empresarios aseguran trabajar al límite de la rentabilidad, en ocasiones por debajo del coste real del servicio. Las pujas a la baja en los concursos públicos han empujado a numerosos hoteles a abandonar el programa o reducir su calidad.

La consecuencia: cobros más altos para los usuarios, pero sin mejoras en el servicio. Una paradoja tan injusta como estructural.

El Corte Inglés y Carrefour: ofensiva por el turista sénior

Ante el vacío del Estado, el mercado avanza. En un giro significativo, El Corte Inglés y Carrefour Viajes han comenzado a desplegar agresivas campañas orientadas al turismo sénior, aprovechando el descontento con el Imserso.

Ofrecen viajes alternativos con precios algo más altos pero mayor flexibilidad, mejor calidad hotelera y atención personalizada. Algunos paquetes incluyen seguro médico, pensión completa y excursiones culturales sin recargo.

Los analistas turísticos ven en este movimiento una reconfiguración silenciosa del ecosistema de viajes para mayores, donde la empresa privada gana terreno a un Estado que cede su espacio histórico por falta de inversión y voluntad política.

Una política pública sin rumbo ni dignidad

¿Qué queda del Imserso de antaño? Aquel programa que no solo fomentaba el turismo interior, sino que ofrecía dignidad, ocio y autonomía a los jubilados españoles, hoy agoniza en medio de la indiferencia institucional.

La financiación pública es insuficiente y los concursos siguen sin ajustarse al coste real del servicio. Mientras tanto, el Estado externaliza la responsabilidad y el sector privado capitaliza el descontento.

La pregunta que se impone es política:
¿Puede permitirse España degradar uno de sus pilares más simbólicos del Estado del Bienestar mientras presume de recuperación económica?

 

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