Rezan en silencio desde el siglo XVII y casi nadie puede verlas: las esculturas secretas de Cantabria
En el silencio recogido del Palacio de los Hornillos, en Las Fraguas (Arenas de Iguña), custodiadas tras puertas privadas sin régimen de visitas, cuatro esculturas orantes aguardan. Realizadas en alabastro a comienzos del siglo XVII, estas figuras de elegante sobriedad constituyen uno de los conjuntos funerarios más notables de la escultura renacentista en Cantabria. Fueron encargadas por Fernando de Acebedo, arzobispo de Burgos y presidente del Consejo de Castilla, y son su legado eterno: la piedra como forma de oración, la inmortalidad a través del arte.
El encargo de un mecenas eclesiástico: Gabriel de Pinedo, 1617
En 1617, el escultor Gabriel de Pinedo concluyó la ejecución de las cuatro esculturas orantes destinadas a la capilla de San Juan del Palacio de los Acebedo, en Hoznayo, corazón del Valle de Entrambasaguas. Su promotor, Fernando de Acebedo, buscaba levantar un panteón familiar que recogiera no sólo la memoria de su linaje, sino también el canon estético y espiritual del Renacimiento tardío español, con ecos directos de las figuras orantes de El Escorial.
Cuatro hermanos ante la eternidad
Estas esculturas ante reclinatorio representan a los hermanos Acebedo, una estirpe que concentró poder, nobleza y jurisdicción en la Cantabria del Siglo de Oro:
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Fernando de Acebedo, obispo de Osma, arzobispo de Burgos, presidente del Consejo de Castilla. Su escultura, la más lograda del conjunto, aparece ataviada con ropajes episcopales, de rostro severo y manos juntas en plegaria.
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Juan Bautista de Acebedo, obispo de Valladolid, patriarca de las Indias, presidente del Consejo de Castilla, y inquisidor general.
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Francisco González de Acebedo, merino mayor de Trasmiera.
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Juan de Acebedo, alguacil mayor de la Inquisición y gobernador de Asturias.
El carácter orante de las piezas no es sólo una alusión a la piedad; es también una afirmación de la jerarquía, del linaje y del papel de esta familia en la política y la religión del siglo XVII.
De Hoznayo a Las Fraguas: un viaje de salvación
Originalmente alojadas en Hoznayo, estas obras formaban parte del conjunto arquitectónico del Palacio de los Acebedo, una de las mejores muestras de arquitectura civil del Renacimiento en Cantabria. Pero el paso del tiempo y el abandono del edificio obligaron a su traslado preventivo al Palacio de los Hornillos, en Las Fraguas, a finales del siglo XX. Allí permanecen, fuera del acceso público, pero conservadas con celo en una residencia privada que también es conocida por haber sido escenario de la película Los Otros (dir. Alejandro Amenábar, protagonizada por Nicole Kidman).
Un BIC silencioso
Las esculturas orantes de los Acebedo fueron declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de mueble histórico el 21 de mayo de 2003. Esta declaración reconoce no sólo su excepcional factura, sino su valor documental y artístico como testimonio del poder religioso y civil de Cantabria en una época clave.
La restauración del palacio y el retorno de la memoria
Con la reciente rehabilitación integral del Palacio de los Acebedo, finalizada a finales de 2023, se ha hecho posible el regreso de estas esculturas a su emplazamiento original. Se trata de un gesto que no sólo restituye un valor estético y arquitectónico, sino que repara una fractura en la memoria colectiva de Hoznayo y del Valle de Trasmiera.
La capilla del palacio, ahora saneada, recupera su identidad como espacio sacro, de recogimiento y de herencia. Las figuras, ya no solo evocan a los personajes que marcaron el destino de Cantabria en los siglos dorados del absolutismo, sino que representan la dignidad de la conservación, el compromiso con la historia y el deber con el patrimonio.
Una joya de Cantabria, abierta al siglo XXI
Hoy, el Palacio de los Acebedo no es solo un símbolo del pasado. Se perfila como un hito cultural del presente, susceptible de acoger visitas, rutas históricas y actividades divulgativas. En tiempos de abandono de la piedra y del legado, su recuperación —y la de sus esculturas— demuestra que la historia puede ser rescatada con rigor, sensibilidad y respeto.