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Este monumento de hierro en la costa de Cantabria sobrevivió en plena guerra

Hay un lugar en Cantabria donde la historia industrial resiste al tiempo, al mar y a las bombas. El cargadero de Dícido no solo es único en el norte, también es uno de los secretos mejor guardados de la región

El cargadero de Dícido. / A.S.P
El cargadero de Dícido. / A.S.P

Entre los tesoros industriales y naturales de Castro Urdiales, en la costa oriental de Cantabria, destaca un elemento único en toda la franja cantábrica: el cargadero de mineral de Dícido, situado en la localidad de Mioño pero actualmente está cerrado. 

Este impresionante vestigio del pasado minero convive con un entorno espectacular que se puede recorrer a través de la Vía Verde Castro–Traslaviña, un itinerario que mezcla historia, naturaleza y cultura en cada paso.

El único cargadero de mineral de la costa cantábrica

Mioño conserva el único cargadero de mineral que ha sobrevivido de los seis que existieron en Castro Urdiales. La estructura original se construyó en 1896 en la playa de Dícido, con el objetivo de facilitar la carga de hierro procedente de las minas locales, gran parte del cual se destinaba a Altos Hornos de Vizcaya, motor industrial del norte peninsular.

El cargadero, promovido por la empresa Dícido Iron Ore, se erigía a 14 metros sobre el nivel del mar. Su diseño incluía un pilar de piedra de sillería y una estructura de hierro en voladizo tipo cantilever, con un peso de 300 toneladas y dimensiones que alcanzaban los 94 metros de largo por 6 de ancho. Equipado con dos pisos y doble vía con tolvas, tenía capacidad para cargar 2.600 toneladas de mineral directamente en los buques atracados.

Durante la Guerra Civil, en 1937, la estructura original fue volada. Un año más tarde, en 1938, se construyó el cargadero actual, más sencillo, con una sola planta y una cinta transportadora de 45 metros. Este nuevo cargadero se convirtió en el único catilever de toda la costa cantábrica. En 1986, el Ayuntamiento de Castro Urdiales adquirió la estructura por el simbólico precio de una peseta a la empresa Derivados de Flúor, sellando su protección como patrimonio industrial.

La Vía Verde Castro–Traslaviña: entre minas, valles y bosques

Junto a este legado industrial, Castro Urdiales ofrece otro recorrido excepcional para los amantes del senderismo y el cicloturismo: la Vía Verde Castro–Traslaviña. Este sendero de 5,5 kilómetros discurre por la Comarca de Asón-Agüera, siguiendo el antiguo trazado de un ferrocarril minero que transportaba hierro desde las montañas hasta los cargaderos costeros.

La ruta atraviesa paisajes típicos de la Montaña Cántabra, con prados verdes, bosques de eucaliptos y valles atlánticos, como el Valle de Otañes, donde la iglesia y la casa-torre medieval son puntos destacados del itinerario. El trazado incluye puntos de interés como la estación de Otañes, el apeadero de Los Corrales, los depósitos de La Carmelita, el viaducto de Los Vados y los restos del poblado minero de Herreros.

El camino está acondicionado con gravilla y tramos asfaltados, y permite un recorrido cómodo tanto a pie como en bicicleta. Es un trayecto ideal para quienes deseen conectar con el entorno natural de Cantabria y conocer en profundidad el pasado minero de la región.

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