En este rincón de Cantabria brota uno de los manantiales más puros de España
Su propio nombre —Limpias— evoca la transparencia y la pureza de sus manantiales, unas fuentes naturales que han moldeado su identidad, economía y evolución desde la antigüedad.
Un legado marcado por sus fuentes y manantiales
El origen del topónimo “Limpias” está rodeado de leyendas y documentación histórica. El municipio debe su nombre a las aguas límpidas y medicinales que emergen de sus manantiales, especialmente de tres fuentes potables de excelente calidad y de un manantial de aguas minerales sulfhídricas, utilizadas en el pasado para tratar afecciones cutáneas.
Una de estas fuentes todavía puede visitarse: la Fuentecilla, situada en la carretera que lleva a Seña, continúa manando agua como lo ha hecho durante siglos. Este vestigio conecta el presente con un pasado en el que las propiedades curativas del agua ya eran conocidas y apreciadas.
Dos versiones sobre el nombre de Limpias
Existen al menos dos teorías etimológicas que explican el origen del nombre de Limpias:
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De Coabab a Limpias: Antiguamente, la localidad se llamaba Coabab. Según una de las versiones, el cambio de nombre se produjo porque este ribero se utilizaba para limpiar mercancías como el trigo, las nueces o las castañas antes de ser embarcadas. La constante “limpieza” en este lugar llevó, con el tiempo, a simplificar el término original, adoptando el nombre de “Limpias”.
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El agua como seña de identidad: Otra teoría apunta a que el cambio de nombre se debió al uso de las “límpidas aguas” de los manantiales, cuyas propiedades medicinales y potabilidad marcaron el reconocimiento del lugar. Así, la calidad del agua habría influido de forma directa en la elección del nuevo nombre.
Un enclave histórico en las rutas de comunicación
La historia de Limpias está íntimamente ligada a los caminos que conectaban Castilla con la costa cántabra, y al discurrir del río Asón, que propició el desarrollo de asentamientos humanos en sus orillas. Limpias se convirtió así en un nexo de comercio y cultura, como lo evidencian sus múltiples referencias históricas.
La primera mención documentada al municipio se remonta al año 718, cuando Don Suero de la Piedra partió de aquí para unirse a Don Pelayo en la lucha contra los moros, lo que lo convierte en uno de los enclaves históricos más relevantes del norte peninsular.
En el año 1201, Alfonso VIII incorporó Limpias al vasallaje de Laredo, como parte de una concesión real que fortalecía la unidad territorial bajo el fuero otorgado a dicha villa costera.
Enajenaciones y exenciones fiscales
Durante la Guerra con Portugal, el Rey Enrique III de Castilla enajenó en el siglo XIV las villas de Limpias, Colindres y Valmaseda a cambio de un préstamo de 15.000 florines concedido por su Camarero Mayor, Don Juan de Velasco. Aunque Limpias siguió siendo propiedad de la Corona, el acuerdo permitió acogerse al Fuero de Vizcaya, eximiendo al municipio del pago de impuestos durante siglos.
Linajes y casas señoriales
Entre los bandos o linajes más antiguos de Limpias destacan los de Pero Sánchez de la Piedra y Pedro Velas de Rada. En 1403, los descendientes de Sánchez de la Piedra vendieron la famosa Casa de la Piedra a los Velasco, lo que consolidó su dominio señorial y económico. Esta casa, hoy desaparecida, se ubicaba probablemente en el barrio del Río, junto a la también desaparecida ermita de San Andrés.
Por su parte, Pedro Velas de Rada, constructor de la “torre mayor de Limpias”, también dejó una huella significativa en el desarrollo arquitectónico del lugar, aunque se desconoce la ubicación exacta de la torre.
Un pueblo entre historia y naturaleza
Hoy, Limpias continúa siendo un municipio que honra su pasado hidrotermal y medieval, manteniendo viva su conexión con el agua y con la naturaleza que lo rodea. Su nombre no solo habla de limpieza en el sentido literal, sino también de la pureza de un legado cultural e histórico que forma parte del corazón de Cantabria.

