Documentos olvidados apuntan a este lugar de Cantabria como origen de una de las naves de Colón
Su privilegiada ubicación geográfica, abierta al mar Cantábrico y a orillas del río Asón, ha condicionado su historia y su relevancia a lo largo de los siglos, convirtiéndola en uno de los enclaves históricos más destacados del norte de España.
De los astilleros al Nuevo Mundo
Uno de los episodios más fascinantes de su pasado lo protagonizan sus célebres astilleros de Falgote, de los que salieron importantes embarcaciones destinadas a las armadas reales. Se atribuye a estos talleres la construcción de la Pinta y, posiblemente, también de la Santa María, dos de las carabelas que integraron la expedición de Cristóbal Colón en su histórico viaje de 1492. No sería de extrañar, por tanto, que marineros de Colindres participaran directamente en el descubrimiento de América.
Durante los siglos XVII y XVIII, los astilleros de Colindres construyeron más de 30 galeones para la Corona, incluyendo naves como la Capitana (1868), que con más de 1.300 toneladas, se convirtió en el mayor buque de su tiempo, superando en 500 toneladas al navío más grande jamás visto hasta entonces. Esta gigantesca nave tuvo un papel clave en la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones.
Camino de Santiago, guerras y modernidad
Colindres también fue punto de paso en el Camino de Santiago del Norte, lo que motivó que Carlos I ordenara en el siglo XVI la construcción de un hospital de peregrinos, reflejo de la importancia de la villa en las rutas del cristianismo.
A lo largo de su historia, Colindres ha sido testigo de numerosos conflictos: en el siglo XVII fue atacada por una armada francesa comandada por el cardenal de Burdeos bajo órdenes del cardenal Richelieu; en 1814 participó en la toma de Laredo durante la Guerra de la Independencia; y durante las guerras carlistas y la Guerra Civil, su situación estratégica volvió a ser crucial, como evidencian los búnquers y el puente giratorio sobre el río Asón.
En el siglo XIX, Colindres entró en la modernidad con una de las grandes obras de ingeniería de la época: el puente de hierro de Treto, diseñado en 1882 por la empresa del célebre ingeniero francés Gustave Eiffel. Esta colosal estructura metálica, con más de 543 toneladas de hierro, plomo y bronce, es hoy una de las construcciones más representativas del patrimonio industrial de Cantabria.
Arquitectura señorial y patrimonio vivo
Colindres conserva en su casco urbano numerosas muestras de arquitectura montañesa y casas solariegas de los siglos XVII y XVIII. En el barrio de San Juan se alzan la casa de Agüero, el palacio del Infantado o del Condestable, y el palacio de Gil de la Redonda. En el barrio de La Puerta, sobresalen la casa del Valle y las viviendas de Bartolomé y Felipe de Palacio.
Una de las más llamativas es la casa Cachupín, cuya fachada muestra una inscripción macabra acompañada de una calavera con dos tibias: «Cual me ves, te verás», un recordatorio simbólico del paso del tiempo.
También destaca la arquitectura de finales del siglo XIX y principios del XX, con construcciones como la Casa Serafina, Villa Amelia, Villa Luz o el propio ayuntamiento como emblemas de una época de esplendor urbano.
El patrimonio religioso tiene como referencia la iglesia de San Juan Bautista, construida en el siglo XVI, de una sola nave y con ábside poligonal, que se integra armoniosamente en el entorno monumental de la localidad.
Naturaleza, pesca y tradición
Colindres mantiene viva su tradición pesquera y una destacada industria conservera, motores económicos y culturales del municipio. Desde la villa, el visitante puede seguir el curso del río Asón, que ofrece un hermoso valle fluvial repleto de paisajes, rutas y posibilidades de observación de fauna como salmones, muy valorados por los pescadores.
Además, Colindres es punto de partida ideal para descubrir otras joyas cántabras como Ramales de la Victoria, el Valle de Buelna o la comarca de Liébana, ampliando la experiencia entre patrimonio, historia y naturaleza.
Un destino que merece ser redescubierto
Colindres es mucho más que un paso entre grandes ciudades. Es un lugar donde la historia y la modernidad conviven, donde los grandes hitos de la navegación, la ingeniería, la arquitectura y la guerra han dejado su huella. Una villa cántabra que invita a detenerse, observar y descubrir, paso a paso, los tesoros que esconde su pasado y la riqueza de su presente.

