No es Santillana del Mar: el pueblo cántabro con modernismo, palacios y playa
Comillas es uno de los municipios más fascinantes y elegantes de la costa occidental de Cantabria. Su encanto reside no solo en su arquitectura señorial y su privilegiada situación junto al mar, sino también en su papel como uno de los focos más importantes del modernismo en España, muy especialmente gracias al mecenazgo del marqués de Comillas en el siglo XIX.
Situado en la costa occidental de Cantabria, a solo 50 kilómetros de Santander, Comillas es uno de los pueblos más singulares del norte de España. Pocos lugares combinan con tanta elegancia el mar Cantábrico, el legado indiano y la arquitectura modernista.
Su acceso es sencillo desde la A-8, pero el viaje no termina en la carretera: comienza al entrar por sus calles custodiadas por casonas nobles y palacetes vegetales. El aire huele a historia y mar, y la piedra vieja resplandece bajo el sol o la lluvia, como si la melancolía fuera un barniz más.
El Capricho de Gaudí y otras joyas escondidas
Comillas fue, en el siglo XIX, refugio de nobles, artistas y ricos indianos que regresaban de América con los bolsillos llenos y el corazón vuelto hacia la tierra. Aquí se construyó El Capricho de Gaudí, uno de los pocos edificios del arquitecto fuera de Cataluña: un mosaico vegetal de cerámica, forja y color que aún hoy parece una criatura viva.
A pocos pasos, se alza la Universidad Pontificia, imponente y gótica, con vistas que cortan la respiración. En su interior yacen las aspiraciones intelectuales de una Cantabria que miraba al mundo desde sus claustros. También destacan el Palacio de Sobrellano y la Iglesia de San Cristóbal, auténticas piezas de un rompecabezas estético y espiritual.
Comillas no es solo contemplación. Es también experiencia. Pasear por la Plaza del Corro, con sus soportales y terrazas, comprar en tiendas de artesanía local, o saborear un sobao pasiego mientras se escucha el graznido de las gaviotas.
La playa de Comillas, de fina arena dorada, ofrece resguardo entre puntales de roca y es perfecta para un baño contemplativo, una lectura en la orilla o una charla lenta al atardecer. Desde ahí, el sendero que lleva al cementerio modernista es una cita con la belleza y la eternidad: estatuas, ruinas y mar fundiéndose en una escena que parece sacada de una novela gótica.
Y si el hambre aprieta, hay que buscar los sabores de siempre: rabas recién hechas, anchoas del litoral, quesucos de Liébana y postres pasiegos. Todo con vino del norte o sidra fresca, servida con la calma que merece el lugar.
Consejos para visitar Comillas como un viajero, no como un turista
- Época recomendada: Primavera y otoño, cuando hay menos visitantes y más alma.
- Vestimenta: Ropa cómoda, calzado para empedrados y una chaqueta siempre a mano: el norte es caprichoso.
- No te vayas sin: Visitar el mirador de Santa Lucía, con vistas de postal al puerto y los acantilados.
- Y tampoco sin probar: La quesada pasiega con orujo de hierbas. Pura Cantabria en cada cucharada.
Quien pisa Comillas, vuelve. Porque en sus piedras hay una nostalgia que abraza. Porque aquí el tiempo no corre: se pasea. Porque los cántabros han sabido cuidar este rincón como se cuida un secreto de familia. Y porque, quizás, lo mejor de Comillas no es lo que se ve, sino lo que se recuerda al volver a casa, cuando la brisa marina aún flota en la ropa y el alma parece haber vivido algo importante.

