Fernando Esteso: el aragonés que nos hizo reír
Conocí a Fernando Esteso en un estudio de Radio Zaragoza. Ya estaba triunfando en toda España y representaba, en el Teatro Argensola, una de sus revistas, ese género que aprendió de sus padres, como aprendió también la jota.
La última vez que lo vi fue en mi casa de Majadahonda. Le acompañé hasta el coche, y dimos un paseo hablando de la vida, que es de lo que se suele hablar cuando comenzamos a tener conciencia de que la vida tiene límites.
Esteso era un gran caricato. Cualquier modesto texto humorístico lo transformaba en una mínima representación hilarante. Prueba de ello fue la sátira sobre la grabación de un anuncio para televisión, publicitando un producto ficticio, el coñac "La Parra".
Comenzaba la supuesta grabación dando un sorbo a la copa de coñac y alabando sus cualidades. Pero como sucede en muchas grabaciones, había fallos de luz, sonido o cámara y había que repetir. A cada repetición, Esteso bebía otro sorbo. Hasta que, ebrio por las repeticiones, pronunciaba el texto con voz de borracho, y, como los borrachos suelen decir la verdad, terminaba afirmando que el coñac "La Parra" era una mierda.
En menos de cinco minutos, tanto en el teatro como en televisión, provocaba la carcajada del público.
Protagonizó e intervino en casi medio centenar de películas, algunas de corte dramático, donde demostró también sus capacidades interpretativas. Fue, junto a Andrés Pajares, el rey de las tiendas de vídeo: sus películas eran las más alquiladas de España.
Sus sátiras sobre el cazurro siempre llevaban aroma aragonés. Como Gila, que decía “me habéis matao al hijo… ¡pero qué fiestas hemos pasao!”, Esteso exageraba hasta la hipérbole con inteligencia y tino.
El Ayuntamiento de Valencia tuvo el acierto de nombrarlo hijo adoptivo. El de Zaragoza, en cambio, nunca le nombró hijo predilecto. El único galardón que recibió de su tierra fue el Premio Simón de Honor del Cine Aragonés, hace ya diez años.
Parece que el actual presidente de Aragón, Jorge Azcón, ha tenido más reflejos y va a reconocer la valía de este hijo de joteros y artistas.
El Ayuntamiento de Madrid tiene la norma de que, para dedicar una calle a alguien, el homenajeado debe haber fallecido. Bueno, Fernando Esteso ya ha cumplido el requisito. Ahora, esperemos que Zaragoza esté a la altura y rinda homenaje a uno de sus ciudadanos más ilustres.