El 'No a la guerra' con la fragata Fecha

Sanchez miente hasta en la guerra.
Sanchez miente hasta en la guerra.

Hay que reconocer que Pedro Sánchez es un artista en la compleja disciplina del tartufismo político. Capaz, llegado el caso, de sorber y soplar al mismo tiempo. Su biografía es pródiga en este tipo de episodios que, por su cuantía y frecuencia, revelan una naturaleza que va más allá del simple registro de contradicciones.

El último ejemplo de esta forma de proceder es su posición como presidente del Gobierno de España ante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. La secuencia es conocida: trasciende que se les ha negado a los americanos la utilización logística de las bases de Rota y Morón en el inicio de los ataques que acabaron con la vida del ayatolá Ali Jamenei y la de varios miembros de la cúpula militar del régimen iraní.

¿Y cómo reacciona Sánchez? Pues en un ejercicio de impostado compromiso, rescatando el eslogan de “No a la guerra” que hace 23 años, con ocasión de la invasión norteamericana de Irak, acabó siendo determinante para generar un clima político exasperado que en España se sustanció con la inopinada derrota electoral del Partido Popular.

La decisión genera polémica dentro y fuera de España. En casa es aplaudida por algunos dirigentes de los pequeños partidos de izquierdas que, con altibajos, han sido los costaleros parlamentarios del PSOE en lo que llevamos de legislatura, y es criticada por PP y Vox. Fuera, en Washington, provocó tal grado de irritación que llevó al presidente Donald Trump a amenazar con un boicot comercial a España.

Ante semejante perspectiva, ¿qué hace Pedro Sánchez? ¿Mantiene su posición por coherencia con el “No a la guerra”? No exactamente. La salida es creativa. Visto que Irán se defiende atacando a varios países vecinos y a bases norteamericanas en distintos emiratos —incluida una británica en Chipre—, España, por orden de Pedro Sánchez, envía a la zona del conflicto una fragata, la Cristóbal Colón, la unidad más moderna de la Armada. Por la mañana pacifista y al día siguiente pragmático, pero disimulando.

Al tiempo que los medios afines impulsan el relato del “No a la guerra” como despertador electoral de votantes de izquierdas desmovilizados, Sánchez mitinea por Castilla y León y señala a Núñez Feijóo como líder del “partido de la guerra”.

Sorber y soplar al mismo tiempo. Sánchez en estado puro.

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