Este pueblo fue elegido el más bonito de Cantabria... pero su secreto está en su comida
En el corazón de Cantabria, entre verdes colinas y casonas centenarias, los Valles Pasiegos ofrecen mucho más que paisajes. Son territorio de sabores, de patrimonio escondido entre piedras antiguas y de pueblos que han sabido preservar su alma. El punto de partida ideal para adentrarse en esta ruta es Esles, localidad del municipio de Santa María de Cayón, distinguida en 2018 con el título de Pueblo de Cantabria.
Esles conserva un valioso legado arquitectónico, en el que se entrelazan el esplendor de sus casonas montañesas con los silencios recogidos de sus capillas barrocas. Las de San Antonio Abad y San Cipriano, ambas datadas en el siglo XVII, junto con la ermita de San Vicente, son ejemplo de un patrimonio que se mantiene vivo, en torno al cual aún se respiran tradiciones. Esta última se levanta sobre un cementerio altomedieval que conserva varias tumbas antropomorfas excavadas en roca, un vestigio singular en la región.
Desde Esles, el camino hacia el paladar está lleno de paradas que justifican por sí solas el viaje. Los platos de cuchara, herederos de las huertas fértiles y el ganado pasiego, dan forma a una cocina de raíz. Y entre los postres, destacan con luz propia los ya universales sobaos y quesadas pasiegas, a los que se suma una joya menos conocida pero muy apreciada: la tarta de Cayón, de textura delicada y sabor profundo.
A apenas veinte kilómetros de Santander, Santa María de Cayón y sus nueve localidades ofrecen una experiencia completa para el visitante. Entre ellas destaca Sarón, actual motor económico del municipio, cuyo mercado de 1929 articula la vida social y cultural de la comarca. Sus alrededores concentran una interesante oferta gastronómica contemporánea, donde tradición y modernidad se dan la mano.
Uno de los espacios más sorprendentes es La Puebla Gastro MX, una taberna mexicana que ha conquistado el paladar cántabro con elaboraciones como el mole poblano, los tacos de arrachera, o su ceviche de temporada, elaborado con producto fresco y sabores bien ensamblados. Desde su huerta ecológica, Mario Gutiérrez, su propietario, nutre una cocina que respeta el origen y se atreve con el mestizaje.
Muy cerca, en la Urbanización San Lázaro, La Fuente Azul se ha consolidado como una referencia de cocina de picoteo. Abierto desde las seis de la mañana hasta la medianoche, destaca por su ambiente familiar y por su cocina casera, donde sobresalen los croquetones de jamón, las carrilleras y su postre estrella: la tarta de queso con jungly. Su amplia terraza y menú diario lo convierten en una opción perfecta para el mediodía.
En la Plaza del Ferial, junto a la bolera, se encuentra Beagá Café Bar, un espacio pensado para el encuentro. Regentado por Cristine do Nascimenton Abdon, ofrece excelente café, vermú preparado y tapas de autor, en un entorno cálido y con música en directo los fines de semana.
Para los amantes de las hamburguesas artesanas, Bocarburger, en la avenida Torrelavega, es parada obligatoria. Abierto en 2024 por Luis Alberto Cruz y Pablo Colmenero, ha revolucionado el concepto fast casual en la comarca. Sus hamburguesas elaboradas con carne de tudanca, pan rústico o brioche, y salsas caseras, se complementan con una food truck itinerante en verano.
No menos interesante resulta el Buda Café, también en Sarón, que además de una carta variada de raciones y tapas —como mejillones, ensaladilla o croquetas—, ofrece una carta de cafés de especialidad cuidadosamente seleccionados. Destaca el Costa Rica Tarrazú y el descafeinado colombiano, siempre servidos con bizcocho de la casa.
Ya en Argomilla, otro núcleo del municipio, se encuentra The Factory, abierto desde el amanecer hasta medianoche. Bajo la dirección de María y Sergio Merla y la cocina de Luis Salazar, ofrece desde desayunos con bollería y pinchos de tortilla, hasta cenas informales en las que brillan sus smash burgers y su menú casero entre semana. Completamente reformado, el local cuenta además con una animada zona de ocio.
Para quienes buscan cocina montañesa de toda la vida, Mesón Los Robles, en la urbanización Carcabillo, mantiene viva la tradición de las raciones generosas, embutidos ibéricos y tablas especiales de fin de semana. Marta Ibáñez Rivas, cocinera y propietaria, defiende una cocina sin artificios, basada en producto y hospitalidad.
La ruta se completa con paradas patrimoniales como la iglesia parroquial de La Asunción, en Santa María de Cayón, o la de San Andrés en Argomilla, que conserva sarcófagos procedentes de una necrópolis romana. También merece la pena una mirada al pasado reciente con la visita a la fábrica de Nestlé en La Penilla, clave en el desarrollo industrial y social de toda la zona.
Así, este viaje por los Valles Pasiegos se convierte en mucho más que una escapada gastronómica. Es una inmersión en el paisaje, en la historia y en el alma de una tierra que conserva su identidad con orgullo y ofrece al viajero lo que pocos lugares pueden dar: sabores que cuentan historias y piedras que aún hablan.

