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Tiene ruinas submarinas y vistas de película el pueblo cántabro que no aparece en las guías

En la ladera sur de la bahía de Santander, existe un pueblo que combina paisaje, memoria y autenticidad como pocos rincones en Cantabria
Vista de uno de los monumentos de Elechas. / A.M.C
Vista de uno de los monumentos de Elechas. / A.M.C

Ubicado en la ladera sur de la majestuosa bahía de Santander, el pueblo de Elechas se perfila como uno de los destinos más singulares y apacibles de Cantabria. Esta pequeña localidad, perteneciente al municipio de Marina de Cudeyo, es mucho más que una estampa rural: es un enclave cargado de historia, arqueología y paisajes naturales que invitan a la contemplación tranquila y al descubrimiento sereno.

A simple vista, Elechas parece un conjunto de barrios dispersos entre colinas verdes y caminos rurales. Sin embargo, sus barrios —Argomeda, Cardiro, Escajal, Espino, Hontañón, Solamaza, La Torre, El Urro, entre otros— conforman una estructura viva que respira tradición, naturaleza y cultura. La vida en Elechas fluye al ritmo de la tierra y el mar, donde el silencio se mezcla con el rumor del viento y el canto lejano de las aves marinas.

Un pasado milenario bajo tierra y mar

Lo que hoy es un apacible pueblo fue, en el pasado, un punto de asentamiento humano continuado desde épocas remotas. Así lo atestiguan los hallazgos en la Cueva de la Isla o de la Campanuca, donde se han descubierto herramientas de sílex, restos cerámicos y evidencias de ocupación que abarcan desde el periodo prehistórico hasta la época romana y medieval.

Este pasado se entrelaza con la vocación marinera de Elechas. La cercanía del mar permitió a sus antiguos pobladores desarrollar actividades vinculadas al agua. Un ejemplo emblemático es la Isla de la Hierba, donde en siglos pasados se cultivaban ostras y mejillones, cuyos restos aún se pueden observar hoy. Estas antiguas instalaciones marisqueras —con estructuras de cultivo y un edificio auxiliar— fueron abandonadas en 1934, tras el encallamiento de un barco que marcó el fin de esa actividad.

El paisaje: entre la historia y la poesía

El entorno natural de Elechas es otro de sus grandes tesoros. Uno de los puntos más impactantes es La Punta del Urro, un saliente rocoso que se adentra en la bahía y regala vistas espectaculares del litoral cántabro. Desde allí, la mirada se pierde entre el azul del mar y los perfiles de Santander en el horizonte, mientras las barquitas navegan lentamente entre la Isla de los Ratones, San Juan, y otras islas menores que salpican esta parte del Cantábrico.

El Pantalán, una estructura abandonada que se adentra en el agua, y los restos del polvorín de la Isla de los Ratones —también conocida como Isla Marnay o de las Ánimas—, son mudos testigos de una historia que mezcla actividad naval, comercio y defensa costera.

Patrimonio discreto pero esencial

Aunque modesto en tamaño, Elechas conserva un patrimonio histórico y arquitectónico que merece ser puesto en valor. Su iglesia parroquial de San Bartolomé, construida en 1916, se alza como centro espiritual y simbólico del pueblo. También existieron otras edificaciones religiosas de importancia hoy desaparecidas, como la ermita de San Roque, la iglesia de San Bartolomé de Vedia y el hospital de San Lázaro del Prado.

Entre sus casonas destaca la Casa de Francisco de Hontañón, una vivienda solariega del siglo XVIII que refleja la arquitectura rural noble de la época. Además, el pueblo conserva sus antiguas escuelas, testimonio de la importancia de la educación en el tejido social de Elechas.

Una vida entre tradición y sencillez

Elechas es hoy un lugar para quien busca lo auténtico, lo no contaminado por el turismo masivo. Aquí, la vida sigue marcada por las estaciones, por la pesca tradicional, por la recolección tranquila del campo, por la contemplación del mar al atardecer. Como ya señalaba Pascual Madoz en su diccionario geográfico de 1861, esta zona permitía a sus habitantes la pesca de anguilas, lubinas, doradas y mariscos, además del aprovechamiento del alga caloca como fertilizante para los campos.

Con una población que ronda los 450 habitantes, Elechas mantiene viva su identidad. El calendario se anima cada agosto con la festividad de San Bartolomé, patrón de la localidad, momento en el que vecinos y visitantes se reúnen en torno a la música, la comida y las tradiciones que han sobrevivido al paso del tiempo

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