Un tiburón azul irrumpe en Santoña
Santoña vivió este miércoles una escena tan inesperada como inquietante. Un tiburón azul —también conocido como tintorera— fue avistado nadando a escasos metros del paseo marítimo, concretamente entre la escollera del Pasaje y la rampa de acceso al arenal. Con un tamaño estimado de entre 1,5 y 2 metros, su presencia en una zona tan cercana a la costa ha generado sorpresa, interés y preocupación entre vecinos, turistas y expertos en fauna marina.
Un visitante poco habitual en la costa cántabra
Las imágenes, captadas por numerosos transeúntes, muestran al escualo moviéndose lentamente y con cierta desorientación. Desde la Red de Varamientos de Cantabria (Revarca) han confirmado que se trata de una tintorera adulta (Prionace glauca), una especie común en aguas profundas del Atlántico Norte y el mar Cantábrico, pero extrañamente visible en zonas costeras a plena luz del día. El comportamiento del animal —nado errático, lentitud y escasa respuesta al entorno— refuerza la hipótesis de una posible infección, intoxicación alimentaria o deterioro asociado a la edad.
Una especie ágil pero vulnerable
El tiburón azul es uno de los escualos más ágiles del océano. Su silueta esbelta, su afilada aleta dorsal y su boca repleta de miles de pequeños dientes serrados —de apenas 6 milímetros de longitud— le convierten en un depredador eficaz en mar abierto. Caza habitualmente peces, calamares y crustáceos, sobre todo durante las horas nocturnas.
A pesar de su reputación como nadador veloz, la tintorera figura en la lista de especies vulnerables. La pesca furtiva, la presión del tráfico marítimo y la contaminación del hábitat marino han mermado significativamente su población en las últimas décadas.
Vigilancia y respeto: claves para la convivencia
Por el momento, la Consejería de Medio Natural del Gobierno de Cantabria ha activado un dispositivo de seguimiento visual del animal. Si el escualo llegara a varar en la costa, se procederá a su traslado al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre, donde se le realizará una necropsia para determinar la causa exacta de su debilitamiento.
Mientras tanto, desde Revarca se pide precaución y respeto por parte de la ciudadanía. “No se trata de un animal peligroso, pero sí de un ser vulnerable. Necesita tranquilidad. Si está muriendo, lo mejor es que lo haga en paz; y si no, que no se habitúe a la presencia humana”, insisten los expertos.
El mensaje es claro: no molestar, no acercarse y no intervenir. Solo de ese modo se podrá garantizar tanto la seguridad del animal como la de los curiosos que acuden a observarlo.