El lugar que conquistó a la aristocracia y sigue cautivando a viajeros
Situado en el corazón de la comarca de Trasmiera, Solares es un pequeño pero vibrante núcleo urbano que, a lo largo de los siglos, ha sabido conjugar tradición y modernidad. Conocido principalmente por sus aguas termales, este enclave cántabro ofrece mucho más que relax y bienestar: su historia, su entorno natural y su cercanía a Santander lo convierten en un destino ideal tanto para una escapada de descanso como para una inmersión en la Cantabria más auténtica.
Un pueblo con historia
El origen de Solares está ligado a su estratégica ubicación en el corredor que une Santander con el interior de la región. Desde tiempos medievales, el valle del río Miera ha sido paso obligado para viajeros, comerciantes y peregrinos que se dirigían hacia Santiago de Compostela. La historia de Solares está también marcada por su importancia como punto de abastecimiento de agua y como lugar de descanso para quienes transitaban por estas tierras.
En el siglo XIX, con la llegada del ferrocarril y la popularización del turismo termal, Solares vivió su gran transformación. Sus aguas medicinales, cuya fama ya se remontaba a la Edad Media, comenzaron a atraer a aristócratas, intelectuales y turistas en busca de los beneficios terapéuticos de sus manantiales. Fue entonces cuando surgió el Gran Hotel Balneario de Solares, un elegante establecimiento que aún hoy conserva su esplendor, convertido en un centro de referencia en el turismo de salud.
El Balneario de Solares: el alma del pueblo
Hablar de Solares es hablar de su balneario. Situado en un edificio señorial rodeado de jardines centenarios, el Gran Hotel Balneario de Solares es uno de los más prestigiosos del norte de España. Sus aguas mineromedicinales, ricas en bicarbonato y calcio, son conocidas por sus propiedades relajantes y curativas, especialmente indicadas para tratar problemas digestivos y afecciones de la piel.
Pero el balneario no es solo un espacio para la salud; es también un símbolo del esplendor de la Belle Époque, un refugio de tranquilidad donde el tiempo parece detenerse. Su elegante arquitectura, su piscina de aguas termales y su entorno natural lo convierten en un lugar perfecto para quienes buscan desconectar del ritmo frenético de la vida moderna.
Naturaleza y senderismo en los alrededores
A pesar de su imagen de destino de bienestar y descanso, Solares ofrece muchas opciones para los amantes de la naturaleza y el turismo activo. Su ubicación privilegiada entre el mar y la montaña lo convierte en un punto de partida ideal para descubrir algunos de los paisajes más bellos de Cantabria.
A pocos kilómetros se encuentra el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, un paraíso para los aficionados a la ornitología y el senderismo. También es posible recorrer la ruta del río Miera, un trayecto que sigue el curso del río a través de un paisaje de prados, bosques y montañas.
Otro punto de interés es el Monte Vizmaya, un mirador natural desde donde se puede disfrutar de unas vistas espectaculares del valle de Trasmiera y la bahía de Santander. Para los más aventureros, la zona ofrece rutas de bicicleta de montaña y oportunidades para la espeleología en las cercanas cuevas de la comarca.
Pero si hay algo que no se puede dejar de hacer en Solares, es disfrutar de su gastronomía. La cocina cántabra se deja sentir en sus restaurantes, donde destacan los productos del mar y los platos tradicionales como el cocido montañés, el sorropotún (un guiso marinero similar al marmitako) y los quesos artesanales de la zona. Para los más golosos, el municipio ofrece una excelente repostería, con especialidades como los sobaos pasiegos y la quesada.
Solares, con su mezcla de historia, naturaleza y bienestar, es un destino que sigue evolucionando sin perder su esencia. A su atractivo termal se suma su proximidad a Santander y a las playas de la costa cántabra, lo que lo convierte en una opción ideal para quienes buscan una escapada completa.
Más allá de las aguas curativas que le han dado fama, Solares es un refugio de tranquilidad en el que la vida transcurre sin prisas, donde cada rincón cuenta una historia y donde la belleza de Cantabria se manifiesta en cada paisaje, cada plato y cada conversación con sus gentes.

