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¿Sabías que América se dibujó por primera vez en este pueblo de Cantabria?

Puerto de Santoña. / A.S.

Pocos lo saben, pero una de las figuras más importantes de la exploración americana nació en Cantabria | Esta villa cántabra no solo conserva su alma marinera, sino que también guarda historias que reescribieron el mundo

Santoña no es solo un nombre resonante en el litoral cántabro: es una villa de profunda vocación marinera, cuyos siglos de historia han estado siempre ligados al mar, a la pesca, a la industria conservera y a insignes navegantes que escribieron páginas fundamentales en la historia de la exploración atlántica. Situada en la comarca de Trasmiera, en la costa oriental de Cantabria, Santoña conjuga hoy tradición, industria, naturaleza y turismo con una personalidad propia que ha sabido conservar su legado sin renunciar al futuro.

Juan de la Cosa: el navegante que dibujó el mundo

Pocos municipios en España pueden presumir de ser cuna de una figura como Juan de la Cosa, el cartógrafo, navegante y explorador santoñés que participó activamente en los primeros viajes de descubrimiento de América junto a Cristóbal Colón. De su pluma nació, en 1500, la primera carta náutica en la que aparece el continente americano, un documento fundamental para la historia de la cartografía mundial.

La tradición local sostiene también que la carabela Santa María —nave capitana del primer viaje colombino— fue construida en los astilleros de la villa, lo que refuerza aún más el vínculo entre Santoña y la historia universal de la navegación.

El mar, motor económico y eje cultural

El puerto de Santoña ha sido históricamente uno de los más activos de la costa cantábrica. Ya en el siglo XVIII, su importancia era tal que en 1774 se utilizó como argumento en un pleito con Santander para disputar la capitalidad de la región. En la actualidad, sigue ocupando el segundo lugar en Cantabria en cuanto a volumen y valor de pesca desembarcada, solo superado por el de Santander.

La industria conservera, implantada en el siglo XIX, contribuyó decisivamente al crecimiento económico y demográfico de la villa. Las primeras ordenanzas pesqueras impresas que se conservan datan de 1892, reflejando una tradición que se mantiene viva: Santoña es hoy el principal puerto pesquero de Cantabria, con especial renombre por sus anchoas, consideradas entre las mejores del mundo.

Entre monjes y ballenas: un legado desde la Edad Media

Los orígenes de Santoña se remontan a la Alta Edad Media. El monasterio de Santa María del Puerto, documentado ya en el siglo XI, fue uno de los principales motores de desarrollo en la región. Por donación real pasó a ser priorato del abadengo de Nájera y, posteriormente, volvió a ser de realengo en tiempos de Felipe II.

En el siglo XII, los monjes del monasterio ya percibían derechos sobre la pesca de ballenas y otros peces capturados por los marineros santoñeses. Sin embargo, durante siglos el monopolio pesquero de Laredo limitó la expansión económica de la villa. No fue hasta el siglo XVII cuando los marineros santoñeses fundaron su propia Cofradía de Pescadores de Nuestra Señora del Puerto, en un intento por emanciparse de dicha jurisdicción marítima. La tensión con Laredo dio lugar a prolongados pleitos que marcaron la política pesquera regional durante décadas.

Fortaleza estratégica y villa asediada

La situación geográfica de Santoña, rodeada por el Monte Buciero —una mole rocosa que se adentra en el Cantábrico— y por las marismas del río Asón, la convirtió en un enclave de alto valor estratégico. Sufrió dos ataques navales en los siglos XVII y XVIII (1639 y 1719) y fue ocupada por tropas francesas durante la Guerra de la Independencia. Como consecuencia, fue declarada plaza fuerte en el siglo XIX y se construyó un sistema de fortificaciones y baterías que aún pueden visitarse.

Hoy, el Monte Buciero es también un paraíso natural, con rutas de senderismo, antiguos faros y vistas espectaculares sobre el mar y la bahía de Santoña.

Municipio con identidad propia

Santoña pasó a ser ayuntamiento constitucional en 1822 y, desde finales del siglo XIX, es cabeza de partido judicial. Su término municipal coincide con el antiguo de la villa, limitado al norte por la playa de Berria, al sur por la de San Martín, y al este por el propio monte Buciero. Al oeste, la rodean los municipios de Argoños, Escalante y Bárcena de Cicero. Su enclave privilegiado entre mar, marismas y montaña le ha permitido consolidarse como centro turístico de primer orden.

La Reserva Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, considerada una de las zonas húmedas más importantes del norte de España, es un ecosistema de gran riqueza biológica que atrae cada año a miles de aves migratorias y visitantes.

Patrimonio monumental y cultural

El alma de Santoña no solo se encuentra en sus redes y sus barcos. La iglesia de Santa María del Puerto, de origen románico (siglo XIII), custodia una pila bautismal del siglo IX y un retablo neogótico. Es el templo que da nombre al municipio y uno de sus símbolos identitarios.

El Palacio del Marqués de Chiloeches y el de los Duques de Santoña son otros de los grandes hitos arquitectónicos que salpican la trama urbana. Asimismo, en las afueras de la villa se encuentra el Penal del Dueso, centro penitenciario construido a finales del XIX en un antiguo fuerte militar, con más de un siglo de historia.

Hoy, Santoña es mucho más que un pueblo de pescadores. Es un centro industrial, turístico y cultural que ha sabido conservar su identidad marinera sin quedar anclado en la nostalgia. Su población, activa y comprometida, mantiene vivas las tradiciones pero también impulsa nuevos proyectos en gastronomía, turismo sostenible y desarrollo local.

La Semana Santa, las fiestas patronales de la Virgen del Puerto o las populares Jornadas de la Anchoa y la Cocina del Cantábrico son solo algunos de los eventos que convierten a Santoña en un lugar vivo y vibrante durante todo el año.

Santoña no es solo un punto en el mapa. Es una historia viva escrita con sal y con viento, con cartas náuticas y redes de pesca, con fe y fortaleza. Es, en definitiva, la memoria marinera de Cantabria, un lugar donde el pasado no se olvida, sino que se honra en cada amanecer junto al mar.