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El pueblo cántabro que guarda túneles secretos bajo tierra y tiene el albergue más famoso del Camino del Norte

Ermita de San Julián en Güemes. / A.E.

Entre arroyos y memoria, este rincón del municipio de Bareyo guarda historias milenarias, tradiciones artesanas y un espíritu de acogida universal

A escasos kilómetros del Cantábrico, en el interior verde del municipio de Bareyo, se abre un valle modesto y fértil, recorrido por arroyos que llevan nombres de fábula: Rumego, Cabra, las Calderas, Liermo. Todos ellos convergen en el arroyo Aguachica, tributario del Campiazo, como si la geografía confirmase lo que Güemes encarna desde hace siglos: encuentro, confluencia y permanencia.

Con apenas 301 habitantes (INE 2024) y a tan solo 1,6 kilómetros de Ajo, Güemes parece detenido en el tiempo, aunque su historia fluye bajo tierra, sobre piedra y entre generaciones.

Piedra viva y fe popular

En el corazón del pueblo se alza la iglesia parroquial de San Vicente Mártir, edificio reconstruido entre los siglos XVI y XVII, que aún conserva la sobriedad y robustez del culto rural cántabro. No lejos de allí, en un gesto de recogimiento, se encuentra la ermita de San Julián, también del siglo XVII, testimonios ambos de la espiritualidad profunda y discreta de la comarca.

Paseando por sus barrios —Gargollo, Villanueva y el Cagigal— el visitante descubre casas en hilera, arquitectura popular montañesa con sus característicos muros de piedra, aleros pronunciados y solanas abiertas al sur. Son casas que aún huelen a leña, a ganado, a conversación pausada.

El rumor de los túneles: historia soterrada

Una de las leyendas más persistentes de Güemes habla de túneles ocultos bajo el pueblo, utilizados durante la guerra y aún sin explorar en su totalidad. Algunos estudiosos y vecinos aseguran que radiaciones térmicas han detectado la existencia de estas galerías subterráneas. Lo que contienen es un misterio: armas, objetos históricos, documentos, o tal vez solo aire y silencio. Pero como toda leyenda local, su valor reside tanto en lo que sugiere como en lo que calla.

Maestros de la piedra y de la historia

Güemes también ha dado a luz a grandes figuras del arte de construir: maestros canteros que llevaron su saber a toda la región en los siglos XVI y XVII. Nombres como Gonzalo Güemes Bracamonte, Francisco de Viadero, García de Güemes y Pedro de Cereceda figuran entre los artífices de muchas de las construcciones religiosas y civiles de su época.

Además, desde este pequeño núcleo montañés parte una rama genealógica que cruzaría el océano Atlántico para dar nombre y apellido a uno de los grandes próceres de la independencia argentina: Martín Miguel de Güemes. La historia de los Güemes Campero, sus antecesores, es un ejemplo más de cómo lo local puede resonar en lo global.

El corazón hospitalario del Camino del Norte

Pero si por algo es hoy conocido Güemes más allá de sus fronteras es por su papel en el Camino de Santiago del Norte. El Albergue La Cabaña del Abuelo Peuto, gestionado durante años por el carismático sacerdote Ernesto Bustio, se ha convertido en símbolo de hospitalidad, generosidad y cuidado desinteresado. Cada año, miles de peregrinos de todo el mundo hacen aquí un alto no solo para descansar, sino para encontrar un espíritu de comunidad y calma que a veces escasea en el mundo moderno.

Güemes no necesita reinventarse para seguir vivo. Su fuerza está en su identidad modesta, en la integridad de sus formas y en la humanidad de sus gentes. Su nombre, ya documentado en el año 1084, lleva casi un milenio circulando por archivos y mapas. Pero es en el murmullo de los arroyos, en el pan de horno, en la misa de domingo y en los pasos de quienes cruzan el valle, donde la historia sigue escribiéndose cada día.