Gastronomía

¿Cocina de abuela en pleno siglo XXI? Este restaurante en Cantabria lo hace posible

La fachada del restaurante. / A.E

Entre muros de piedra y maderas nobles, este antiguo molino restaurado en Hoznayo ofrece mucho más que comida. Aquí, las albóndigas caseras se sirven con orgullo y el menú del día se convierte en un homenaje a la cocina de toda la vida

A las afueras de Hoznayo, en un entorno tranquilo marcado por la naturaleza y la historia, se esconde uno de esos lugares que trascienden el mero acto de comer para convertirse en experiencias memorables. El Restaurante El Molino de Óscar, situado en un antiguo molino restaurado, es uno de esos sitios recomendados con entusiasmo por quienes lo han descubierto, y no sin razón.

Una parada rústica con alma

El encanto comienza ya en su ubicación. El edificio, con su estructura de piedra y madera, mantiene el espíritu del antiguo molino, ahora transformado en un espacio acogedor donde predomina la decoración rústica y el calor de un comedor sencillo pero confortable. La vajilla, sin pretensiones, cumple su función con discreción y deja todo el protagonismo a lo que importa: la comida.

Un menú tradicional y una carta breve pero efectiva

A la llegada al comedor, se ofrece un menú del día que capta rápidamente la atención: tres primeros (entremeses variados, callos o alubias) y tres segundos (huevos con jamón, trucha o las afamadas albóndigas). La mayoría de los comensales presentes no dudan: el menú es la opción favorita.

Sin embargo, merece la pena echar un vistazo a la carta. No es extensa, pero contiene una selección honesta y bien estructurada de entrantes, carnes, pescados y postres caseros. La carta de vinos es modesta, aunque suficiente para acompañar la propuesta gastronómica del lugar.

Las albóndigas, una obra maestra popular

El plato estrella, sin discusión, son las albóndigas. Servidas en ración generosa (seis piezas de tamaño considerable), llegan a la mesa acompañadas de una salsa de carne intensa, bien ligada y llena de sabor, de esas que invitan a untar hasta la última gota. Las acompaña una guarnición de patatas fritas naturales, peladas, cortadas y cocinadas en el momento, algo que ya se ha vuelto inusual frente a las omnipresentes patatas congeladas.

El sabor, la textura y la generosidad de la ración hacen que no solo se disfrute, sino que se anhele repetir. Y así fue: una segunda ración cayó sin remordimientos, convertida en un homenaje al plato más humilde y reconfortante de la cocina casera.

Un postre con sorpresa: flan sobre arroz con leche

Para cerrar la comida, el flan de arroz con leche fue la elección. Una combinación curiosa y efectiva: flan casero sobre una base de arroz con leche, suave y equilibrado. Incluso para quienes no son aficionados al arroz con leche, la propuesta resulta deliciosa.

Conclusión: lugar de peregrinación

El Molino de Óscar es más que un restaurante rural. Es un lugar donde la cocina tradicional brilla sin necesidad de artificios, donde el producto se respeta y se sirve con cariño, y donde la experiencia resulta tan satisfactoria que invita a volver. El precio es ajustado, el servicio es correcto y eficiente, y el entorno es ideal para una escapada gastronómica sin pretensiones pero con mucho sabor.