Este es el paraje de Cantabria que impresiona a científicos, fotógrafos y turistas
En el corazón de la costa oriental de Cantabria, entre los municipios de Santoña, Noja y Escalante, se extiende uno de los espacios naturales más valiosos y singulares del norte de España: el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Este humedal protegido de importancia internacional ha sido reconocido por el Convenio Ramsar y forma parte de la Red Natura 2000, gracias a su incalculable valor ecológico, paisajístico y científico.
Un paraíso para las aves… y para los ojos
Con más de 6.500 hectáreas, este parque combina ecosistemas estuáricos, marismas, canales, bosques de ribera, dunas y áreas intermareales, conformando un mosaico biológico que cambia con las estaciones y las mareas. Su singularidad radica en ser uno de los principales puntos de invernada y descanso de aves migratorias en Europa occidental.
Cada año, miles de aves —entre ellas garzas reales, espátulas, zarapitos, chorlitejos o águilas pescadoras— eligen estas marismas como punto de escala en sus rutas migratorias entre el norte de Europa y África. La riqueza de alimento y la tranquilidad del entorno convierten al parque en un santuario para más de 120 especies.
Este hecho ha convertido a las Marismas de Santoña en un destino de referencia para ornitólogos, naturalistas y fotógrafos de todo el continente, que encuentran aquí un laboratorio vivo y un espectáculo visual irrepetible.
Un equilibrio entre naturaleza y tradición humana
Lejos de ser un entorno aislado o salvaje, estas marismas conviven con la actividad humana de forma histórica y sostenible. Desde la Edad Media, los habitantes de la zona han gestionado de forma racional los recursos del estuario: pesca, salinas, marisqueo, pastos intermareales o cultivo de almejas.
A lo largo de los siglos, esta interacción ha dejado un legado cultural que sigue visible hoy: molinos de marea, canales de drenaje, cabañas de pastores o calzadas antiguas. Esta convivencia armónica entre el hombre y el paisaje ha sido clave para que el parque sea también un ejemplo europeo de gestión sostenible del territorio.
Turismo de naturaleza, sí; masificación, no
Uno de los grandes logros del Parque Natural de las Marismas de Santoña ha sido conciliar la protección ambiental con un turismo educativo y respetuoso. Existen varios centros de interpretación, como el ubicado en el Paseo Pereda de Santoña, que ofrecen exposiciones, talleres y rutas guiadas adaptadas a todos los públicos.
Además, el parque cuenta con observatorios de aves perfectamente integrados, como los de La Arenilla o el de Bengoa, desde donde es posible contemplar sin molestar a las especies. También hay sendas peatonales y rutas ciclistas que recorren el parque entre marismas, arenales y bosques.
A diferencia de otros espacios más masificados, este parque destaca por su silencio, accesibilidad y autenticidad. Es ideal para quienes buscan senderismo suave, contacto con la naturaleza o escapadas educativas en familia.
Reconocimientos y protección internacional
El parque no solo goza de protección regional por parte del Gobierno de Cantabria, sino que ha sido declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y forma parte del listado de Humedales de Importancia Internacional del Convenio Ramsar desde 1994.
Además, está considerado un hábitat prioritario para la conservación en Europa, en el marco de la directiva Hábitats de la Unión Europea, lo que implica financiación, investigación y seguimiento técnico continuo para preservar su estado.
Un recurso para el futuro
En un contexto de cambio climático y pérdida de biodiversidad, las marismas de Santoña representan un modelo de gestión ecológica, resiliente y útil. Estos humedales contribuyen a la absorción de CO₂, actúan como barrera natural ante temporales y mareas vivas, y favorecen la pesca local gracias a la cría de especies comerciales en sus aguas.
Además, cada vez más instituciones educativas y científicas colaboran con el parque para promover la educación ambiental y la investigación aplicada, lo que convierte a este enclave en una herramienta clave para formar conciencia ecológica en las nuevas generaciones.

