turismo

Castillos, cuevas prehistóricas y marismas infinitas: así es la villa cántabra que todos están redescubriendo

Una joya discreta donde la naturaleza y el alma medieval conviven en perfecta armonía
Entre marismas legendarias, colinas suaves y piedras con siglos de historia, se alza Escalante. / R.E.
Entre marismas legendarias, colinas suaves y piedras con siglos de historia, se alza Escalante. / R.E.

A orillas del humedal más importante del norte de España, en una vega protegida por colinas suaves y envuelta en marismas milenarias, se alza Escalante, una de las villas más singulares de Cantabria. Enclavada en la comarca de Trasmiera y a escasos kilómetros de Santoña, Escalante ofrece al visitante una fusión perfecta entre naturaleza, patrimonio y vida pausada.

Esta pequeña localidad, capital del municipio homónimo, forma parte esencial del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los espacios protegidos más valiosos del litoral cantábrico. Su privilegiada ubicación y su rico legado medieval la convierten en un destino ideal para quienes buscan autenticidad, cultura y paisaje en estado puro.

Una villa con alma medieval y memoria natural

El casco histórico de Escalante conserva un aire medieval sereno, con edificaciones tradicionales, caminos de piedra y una atmósfera de recogimiento que sorprende por su sobriedad. Pero lo que realmente define su carácter es el entorno: un ecosistema marismeño de altísima biodiversidad que actúa como refugio para aves migratorias —algunas de ellas en peligro de extinción— y como pulmón verde para toda la comarca.

Escalante es un destino de referencia para los amantes del senderismo y la observación de aves. Rutas que atraviesan encinares cantábricos, zonas de pasto y antiguos molinos de mareas permiten descubrir el verdadero corazón de este lugar. Durante los recorridos, no es raro cruzarse con petirrojos, milanos, garzas, jabalíes o incluso zorros, todos ellos habitantes habituales de la zona.

Montejano y las alturas sagradas de Cantabria

Uno de los puntos panorámicos más espectaculares de Escalante es el Monte de Montehano. Desde su cima, se domina una vista inigualable del humedal, el mar, la ría y los pueblos que lo rodean. El monte no solo ofrece una experiencia visual, sino también espiritual: en su ladera se encuentra el convento de Montehano, también conocido como “Monte Sagrado”, y las ruinas cubiertas de vegetación de un antiguo castillo medieval, declarado Bien de Interés Cultural en 1993.

Además, en las cercanías se hallan las cuevas prehistóricas de La Doncella y La Mosolla, que confirman la presencia humana en este territorio desde tiempos muy remotos. Este diálogo entre lo natural y lo ancestral es una constante en la experiencia de visitar Escalante.

Un patrimonio religioso discreto y profundo

Escalante alberga algunos de los templos religiosos más interesantes de Cantabria, no por su grandiosidad, sino por su carga simbólica e historia. La ermita de San Román de Escalante, ubicada frente al actual Hotel San Román, es uno de los ejemplos más notables. Construida a finales del siglo XII, bajo influencias románicas, esta pequeña iglesia rural sorprende por sus proporciones armoniosas y sus esculturas singulares. Hasta hace pocos años fue propiedad privada, lo que añade aún más valor a su recuperación y acceso público actual.

Otros puntos de interés son el molino de Cerroja, muy próximo al núcleo urbano, y el convento de los padres capuchinos. Ambos espacios permiten entender cómo el entorno natural fue modelando la economía, la fe y la estructura social de esta villa a lo largo de los siglos.

Gastronomía, alojamiento y vida pausada

En los restaurantes de Escalante, situados en su mayor parte en el casco histórico, se puede degustar la gastronomía tradicional cántabra en un ambiente relajado y local. Platos de temporada, pescado del Cantábrico, carnes de pasto y guisos de cuchara conviven con recetas heredadas del valle. El ambiente es tranquilo y familiar, con precios razonables y atención cercana.

Para quienes deseen pernoctar, alojamientos rurales y hoteles con encanto ofrecen todo lo necesario para disfrutar de una estancia sin prisa, conectados con el paisaje y alejados del turismo masificado. Uno de ellos, el Hotel San Román de Escalante, ubicado a pocos minutos del centro, permite combinar el confort con el acceso directo a rutas, cultura y gastronomía.

Un municipio vivo y bien conectado

Escalante está situado a tan solo 6 km de Santoña y a 38 km de Santander, bien comunicado por carretera y enclavado entre municipios con gran atractivo como Argoños, Arnuero, Laredo, Meruelo y Bárcena de Cicero. Su relieve combina la llanura agrícola con colinas boscosas, conformando una geografía suave y accesible.

El municipio cuenta con símbolos propios, como su escudo heráldico aprobado en 1982, y su economía tradicionalmente agraria ha sabido complementarse con un turismo responsable que valora la sostenibilidad, el patrimonio y la autenticidad.

En una región que ha sabido mantener su esencia frente al paso del tiempo, Escalante representa una de las joyas discretas de Cantabria. Su vínculo con el humedal, su historia silenciosa, su vida sin artificios y su profunda relación con el entorno natural la convierten en un destino imprescindible para quienes buscan algo más que una postal turística.

Comentarios