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Otra tienda que cierra... Torrelavega se vacía bajo la inacción del Ayuntamiento socialista

El cierre de la tienda Stradivarius en Torrelavega marca un antes y un después para una ciudad que ya llevaba años luchando contra la decadencia comercial
Stradivarius en Torrelavega, una tienda más que dice adiós a la ciudad.
Stradivarius en Torrelavega, una tienda más que dice adiós a la ciudad.

En el mes de noviembre de 2018, Torrelavega perdió a uno de los pilares de su comercio, cuando Bershka cerró sus puertas. En enero de 2022, fue Zara, la emblemática tienda de Inditex, la que dejó la ciudad, desmantelando aún más el comercio local. Y ahora, en 2025, se da por hecho el cierre de Stradivarius, el último de los establecimientos del grupo Inditex que quedaba en la ciudad. Este cierre, anunciado ya en el portal inmobiliario Idealista, deja a Torrelavega aún más despojada de las grandes marcas que antes constituían el motor económico de la ciudad. El local de Stradivarius, ubicado en la céntrica calle Serafín Escalante, de más de 400 metros cuadrados (310 en la planta baja y 100 en la primera), está disponible para alquiler por 12.000 euros al mes. Los trabajadores ya han sido informados y, según rumores, el cierre se hará efectivo el 26 de febrero, aunque la fecha aún no está confirmada.

Este es el reflejo más palpable de una ciudad que, en lugar de prosperar, parece estar caminando a su propia extinción comercial. Pero, en lugar de asumir la realidad y enfrentar las causas de este declive, el Ayuntamiento, bajo el control del PRC-PSOE, prefiere achacar el cierre de Stradivarius y otros comercios a factores externos, como el auge de las compras online. Un argumento cómodo, pero vacío, que intenta eludir la ineficacia de la gestión local y el fracaso de una estrategia que ha dejado a Torrelavega al borde de la ruina económica.

Con el habitual discurso del cambio de hábitos de consumo y el auge de las compras online, intentan eludir una verdad incómoda: la ruina de Torrelavega ha sido, en gran medida, obra de una gestión irresponsable y desinteresada. El PRC-PSOE, en su afán por echar balones fuera, está dejando que la ciudad se desangre, mientras observan desde sus cómodos despachos, ajenos a las consecuencias de su inacción.

El Ayuntamiento, experto en eludir responsabilidades

Lo que realmente está ocurriendo en Torrelavega no es el cierre de una sola tienda, ni siquiera de un único comercio, sino una desaparición sistemática del comercio en el centro de la ciudad. El diagnóstico de la desaparición de grandes marcas es claro y contundente: la falta de inversión y la incomprensión del modelo comercial contemporáneo. Pero el Ayuntamiento, gestionado por el regionalista, Javier López Estrada, pero dominado por el PSOE, prefiere hablar de factores ajenos y globales para eludir su responsabilidad. No hay un plan serio de revitalización comercial, no hay incentivos fiscales para nuevos negocios, y mucho menos una estrategia coherente para atraer inversiones que contrarresten la sangría de cierres que afecta a Torrelavega.

La realidad es que, de haberse tomado las decisiones adecuadas, Torrelavega podría haber sido un modelo de adaptación al nuevo panorama económico. Sin embargo, las políticas locales se han quedado atrapadas en el pasado, aferrándose a modelos obsoletos y sin ofrecer soluciones innovadoras. Se han olvidado de lo más elemental: revitalizar el comercio local, crear espacios modernos, ofrecer infraestructuras adecuadas para atraer tanto a grandes empresas como a pequeños emprendedores. El Ayuntamiento se excusa en el cambio de hábitos de compra, pero esa excusa no justifica la total falta de respuesta ante los vacíos comerciales que se acumulan por toda la ciudad.

Torrelavega: de ciudad pujante a un desierto comercial

Torrelavega, que en su momento fue un centro neurálgico de actividad económica en Cantabria, ha visto cómo una tras otra, las tiendas de grandes marcas se han ido marchando, dejando tras de sí centros comerciales vacíos y calles desiertas. Y mientras esto ocurre, el PRC-PSOE, que ostenta el poder local, no ha sido capaz de ofrecer soluciones efectivas. En lugar de reconocer que la ciudad está al borde de la quiebra comercial, prefieren seguir con el mantra de que “todo está bien” y que los problemas son ajenos a su propia gestión.

Es curioso cómo, durante años, las grandes cadenas fueron las que mantuvieron viva la economía de la ciudad. En los años 90 y 2000, cuando Torrelavega era un punto de encuentro para compradores y turistas, las tiendas como Zara, y otras grandes marcas daban vida a la ciudad, generaban empleo y aseguraban que las calles estuvieran llenas de actividad. Hoy, esos mismos nombres han desaparecido, y la ciudad parece un esqueleto que no logra encontrar un nuevo propósito. Los culpables de esta decadencia no son los consumidores, como erróneamente sugiere el Ayuntamiento, sino la falta de estrategia y la desidia de quienes se encargan de gestionar los recursos de la ciudad.

Un círculo vicioso de desinversión y abandono

La falta de comercio no es solo una cuestión de productos que ya no se venden en las estanterías. Es una cuestión de vida o muerte para las ciudades. Los comercios, los negocios, los centros de trabajo, son los que mantienen las ciudades vibrantes, las que les dan identidad y riqueza. Sin ellos, Torrelavega se convierte en un desierto, donde la ausencia de oferta ahuyenta a los consumidores y las nuevas inversiones se niegan a entrar en un mercado que ya no tiene atractivo.

A este respecto, la teoría de que el auge del comercio digital es el principal factor detrás del cierre de Stradivarius y otras grandes marcas en Torrelavega es excesivamente simplista y, francamente, peligrosa. Sí, es cierto que el comercio online ha tenido un impacto considerable, pero esa no es la única causa de la desaparición de la ciudad como centro comercial. La desinversión, la falta de apoyo a los pequeños emprendedores, la ausencia de incentivos fiscales y la falta de infraestructura moderna son los auténticos culpables de esta decadencia.

El PRC-PSOE, que tan orgullosamente gobierna Torrelavega, debe asumir su responsabilidad. No es suficiente con hablar de lo global, de lo que ocurre en el mundo entero. Torrelavega necesita una acción local, necesita decisiones que promuevan el empleo, el comercio y la inversión. Necesita que sus dirigentes dejen de esconderse tras excusas y comiencen a planificar el futuro de la ciudad con una visión que mire más allá de la mediocridad política que tan a menudo ha caracterizado a la administración local.

Torrelavega se está desmoronando no por un fenómeno externo que no pueda controlarse, sino por la inacción de aquellos que deberían haber estado al mando de su destino. Es hora de que el Ayuntamiento deje de buscar culpables fuera de sus muros y comience a responder por el futuro de una ciudad que, si no se revierte esta espiral, se convertirá en un recuerdo lejano de lo que alguna vez fue.

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