indignación ciudadana en redes sociales

Mientras Torrelavega "colapsa", el alcalde juega a ‘¿De quién es esta pelota?’

Mientras Torrelavega sufre cierres de comercios, obras eternas y más impuestos, su alcalde dedica el tiempo a encontrar al dueño de un balón extraviado
Torrelavega no necesita un gestor de objetos perdidos, sino un líder que frene su caída antes de que la ciudad quede fuera de juego. / creación propia / EP
Torrelavega no necesita un gestor de objetos perdidos, sino un líder que frene su caída antes de que la ciudad quede fuera de juego. / creación propia / EP

Mientras Torrelavega atraviesa una de las peores crisis de los últimos años —con comercios que cierran, obras interminables y vecinos cargando con más impuestos y multas— el alcalde Javier López Estrada ha decidido dedicar su tiempo a una tarea de máxima urgencia: buscar al dueño de un balón que había caído cerca de su despacho.

Sí, el regidor del PRC-PSOE ha inaugurado en redes sociales su particular sección de objetos perdidos, compartiendo dos fotografías del balón y pidiendo colaboración ciudadana para devolverlo a su propietario. Todo un ejemplo de gestión municipal… aunque quizá no del tipo que los vecinos esperaban.

En un momento en el que Torrelavega necesita soluciones reales a problemas económicos y sociales, el alcalde parece más interesado en jugar de portero que en asumir su papel de capitán. Porque mientras la ciudad se hunde en el desánimo y la incertidumbre, López Estrada se entretiene con lo que, literalmente, ha terminado siendo una pelota.

El gesto ha desatado la indignación ciudadana en redes sociales, como la plataforma Salvartorrelavegazbe, donde muchos lo interpretan como una muestra más del desconcierto político y la falta de prioridades en el gobierno local. Los torrelaveguenses no piden grandes gestas, pero sí esperan que su alcalde dedique su tiempo a los problemas reales: el paro, la suciedad, la inseguridad o el abandono del comercio local.

Torrelavega no necesita un alcalde convertido en gestor de objetos perdidos, sino un líder que tome decisiones, que afronte los retos y que esté a la altura del momento. Porque cuando la casa se derrumba, el capitán no puede entretenerse recogiendo juguetes.

Y mientras el balón descansa ya en el despacho del alcalde, la ciudad sigue rodando cuesta abajo, esperando que, algún día, alguien la recoja antes de que acabe fuera de juego.

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